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martes, 8 de enero de 2013

El absurdo fichaje de Tommaso Rocchi

Que sí. Que Massimo Moratti, Marco Fassone, Marco Branca y Piero Ausilio sabrán más de esto que yo. Y vale, puede que un servidor no esté al tanto del nivel físico de cada futbolista del Calcio, ni de su rendimiento en los entrenamientos. Os doy la razón, si queréis, en que Andrea Stramaccioni es el que mejor conoce las virtudes y los defectos del Inter de Milán y el que debe decidir qué fichajes se llevan a cabo en función a las necesidades de la actual plantilla. De acuerdo. Pero para mí el fichaje de Tommaso Rocchi por el club neriazzuro me sigue siendo una de las mayores mofas del mercado europeo.


Que sí, que Rocchi no es un cualquiera. Vale que haya realizado temporadas muy meritorias en la Lazio manteniendo durante años cifras goleadoras más que notables y acepto que las lesiones últimamente le han perjudicado. De acuerdo con que ha sido un futbolista básico para el club romano en la última década. Y sí, incluso fue convocado con la selección italiana en tres ocasiones. Pero es que ese Rocchi no es este Rocchi. El nuevo jugador del Inter de Milán lleva tres temporadas chupando banquillo con los laziales, siempre a la sombra de delanteros como Mauro Zárate (del que pronto escribiré), Goran Pandev o, actualmente, de Mirsolav Klose. Desde la temporada 2009-2010 a la actual, ambas inclusive, Rocchi acumula la penosa cifra de 14 goles en el Calcio. 14 goles en tres temporadas y media. Un balance más que mediocre. 

Por si fuese poco, Rocchi no es un chaval. Tiene 35 años. Y no llega a Milán gratis, sino que cobrará 400.000 euros por los seis meses que ha firmado (en julio no me cabe duda de que se marchará por la puerta de atrás). Además Moratti tuvo que abonar 750.000 euros a la Lazio para que accediese a la difícil decisión (¿¿??) de dejar marchar a este valioso (¿¿??) jugador. De chiste.


Por supuesto el Inter de Milán necesitaba a un delantero polivalente y con capacidad goleadora. Diego Milito y Rodrigo Palacio, sobre todo éste último, parecen haber dado un fuerte bajón de forma, lo que unido a la irregularidad de Cassano (al que le cuesta incluso asentarse como titular) y a la falta de gol del resto de jugadores de ataque como Philippe Coutinho o Ricky Álvarez, ha obligado al Inter a acudir al mercado invernal, puesto que ya es quinto a nueve puntos de la Juventus, el Calcio se escapa y necesita reforzarse para remontar el terreno perdido.

De hecho, este fin de semana el Udinese se impuso con comodidad a los de Stramaccioni por tres goles a cero, dejando en evidencia las vergüenzas del Inter. Rocchi entró al campo cuando su nuevo equipo perdía por dos goles a cero y lo único que consiguió fue que esa distancia aumentase en un gol más. El Inter es fiable atrás, cuenta con un centro del campo consistente (quizá falto de distribución) pero necesita gol. Necesita a alguien como Rocchi. Pero no necesita a Rocchi.

lunes, 16 de mayo de 2011

Historia de un fracaso

Cuando Ricardo Garrone, presidente de la Sampdoria, decidió vender a Pazzini y Cassano, probablemente no era consciente de la irresponsabilidad que acababa de cometer. Quizá Garrone pensó que un equipo que había quedado cuarto en el Calcio la temporada anterior no debería resentirse sobremanera si perdiese a sus dos hombres más importantes, por lo que decidió hacer caja y conformarse con aspiraciones deportivas menos exigentes. Quedar entre los ocho primeros parecía un objetivo fácil de alcanzar.



Pero hay una cuestión que Garrone pasó por alto. ¿Gracias a qué consiguió la Sampdoria alcanzar puestos de Liga de Campeones? Sin duda, el conjunto tuvo mucho que ver. La plantilla era compensada y los jugadores luchaban como leones en cada partido, apoyándose en un entramado defensivo más que notable. Pero eso no habría sido suficiente de no ser por las cabalgadas maradonianas de Cassano, o por los goles imposibles de Pazzini.

Sería hipócrita decir que la Samp ha descendido únicamente por la ausencia de estos dos cracks. Pero parece claro que si la delantera del equipo genovés hubiese permanecido intacta, el club seguiría siendo equipo de la Serie A.




Es cierto que los cambios en el banquillo han podido afectar al equipo. También la suplencia de Poli, un jugador que a mi entender podría haber dotado al equipo de la claridad a la hora de mover el balón que tanto han necesitado los genoveses. La inestabilidad también se trasladó, en la parte final de la temporada, a la zaga. Ya sea por lesión o por decisión técnica, jugadores vitales en años anteriores como Gastaldello, Zauri o Ziegler han tenido la opción de ayudar al equipo cuando este más lo necesitaba.

Los hombres que llegaron a Génova para compensar (o al menos para intentarlo) las bajas antes mencionadas, tanto en defensa como en ataque, tampoco demostraron que podían ganarse el puesto. Macarrone no marcó las diferencias en punta, Babiany dejó en evidencia a Benítez, que lo colocó de titular indiscutible en el Inter a principio de temporada y que nunca llegó a fraguar, y Macheda… ¿Qué decir de Macheda? Mientras su Manchester triunfa, él ha dejado claro que aún está muy verde para jugar al primer nivel. Dudo mucho que llegue a contar algún día para Ferguson.




Todas estas circunstancias han mandado a la Sampdoria, uno de los equipos con más historia de Italia, a la Serie B. El equipo de Garrone es el mejor ejemplo para demostrar que un club que logra llegar arriba no puede relajarse. No puede vender los muebles y dejar las habitaciones vacías confiando en la fuerza de la inercia. Equipos como el Sevilla, el Werder Bremen o el Aston Villa reflejan el fenómeno Sampdoria. Y es que cuando llega lo bueno hay que cuidarlo. No basta con conformarse con lo que se tiene y dejarse llevar. Es necesario continuar buscando alicientes que justifiquen las motivaciones por las que nos movemos. La Sampdoria encontró lo bueno el año pasado, no lo cuidó durante esta temporada, y ahora se encuentra en las cloacas del infierno. Y puede que se lo merezca.