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martes, 28 de mayo de 2013

Los "Fauberts" y los "Christanvals" del Oporto

Jorge Pinto da Costa tiene 75 años y lleva desde los 44 como presidente del Oporto. En ese periodo, el club portugués ha conseguido 20 de sus 27 Ligas Sagres, 12 de sus 16 Copas de Portugal, 18 de sus 19 Supercopas de Portugal, 2 de sus 2 Ligas de Campeones, 2 de sus 2 Copas de la UEFA, 2 de sus 2 Copas Intercontinentales y su única Supercopa de Europa. Es decir, desde que en 1982 Pinto da Costa asumió la presidencia del equipo, el Oporto se ha hecho con el 95% de los títulos importantes que ha conseguido en toda su historia. 

Con este palmarés, sería lógico que el nombre de Pinto da Costa sustituyese al de Do Dragao en lo más alto de la fachada del estadio del Oporto en un futuro no muy lejano. Pero si el actual presidente de los Dragones Azules se ha convertido en el Vicente Calderón o el Santiago Bernabéu del Oporto no ha sido sólo por los títulos, sino por la brillante gestión económica que ha llevado a cabo. En los 31 años que Pinto da Costa lleva como presidente, el Oporto se ha convertido en el equipo con mayor equilibrio de gastos e ingresos del mundo en lo que a compra y venta de jugadores se refiere.



Es comprensible, por lo tanto, que hace unos días alcanzase la reelección para el trienio 2013-2016, con 1.258 votos a favor, 11 nulos y ninguno en contra. De hecho, nadie se atrevió a enfrentarse a él en la votación. Su hegemonía es indiscutible. Títulos y salud económica. ¿Qué más se puede pedir?. 

Aun así, me considero una persona a la que le encanta buscar los tres pies al gato y, abrumado ante la maravillosa lista de jugadores adquiridos a precios aceptables vendidos por cifras desorbitadas, decidí investigar si Pinto da Costa es o no totalmente infalible. Y descubrí que no lo es. El Rey Midas del Oporto también ha tenido sus “Fauberts” y sus “Christanvals”. Estos son algunos de ellos:


-Ibarra (9 millones): El lateral fue quizá la mayor decepción de Pinto da Costa en lo que a incorporaciones se refiere. Llegó en 2001 procedente de Boca Juniors, club que recibió alrededor de 9 millones de euros por el traspaso. El argentino debía convertirse en el carrilero diestro titular del Oporto durante mucho años, pero no fue así. Ibarra jamás se aclimató a la idiosincrasia del club y tras varias cesiones a Mónaco y Espanyol volvió a Boca, único club en el que se ha sentido verdaderamente cómodo.

-Walter (8 millones): El brasileño llegó en 2010 al Oporto procedente del Internacional pero fue incapaz de hacerse un hueco en el equipo. Los ocho millones de euros que Pinto da Costa pagó por él pesaron en exceso y el punta decidió volver a su país natal para reencontrarse consigo mismo. De intentar triunfar en la élite con el Oporto pasó a jugar en la categoría de plata brasileña con el Goias. Aun así, Walter firmó una buena temporada y consiguió el ascenso, renovando recientemente su cesión en el Goias por una temporada más.


-Belluschi (6 millones): El argentino tuvo minutos como interior en el Oporto pero nunca llegó a ser considerado como titular indiscutible. Así, tras una discreta cesión al Genova, el centrocampista se marchó traspasado el pasado verano al Bursaspor por 2,5 millones de euros, una cifra baja teniendo en cuenta que Pinto da Costa pagó seis millones al Olympiakos por su pase en 2009. 

-Souza (4 millones): Su historia es parecida a la de Walter. Tras destacar en Brasil, en este caso en el Vasco de Gama, el Oporto intentó dar el bombazo con su incorporación, por la que pagó cuatro millones. Sin embargo, este centrocampista defensivo apenas contó con minutos y vivió a la sombra de Fernando, por lo que Pinto da Costa arregló su cesión al Gremio, tras la club el club brasileño abonó tres millones y medio de euros para cerrar la corta historia de Souza en el Oporto.

-Janko (3,5 millones): Llegó del Twente con la estela de goleador importante. Apenas media temporada y 10 partidos jugados después el cuento se acabó y el Trabzonspor formalizó su pase por 2,4 millones de euros.

-Prediger (3,5 millones): El Colon de Santa Fé vendió al delantero argentino al Oporto por 3,5 millones de euros. En Portugal apenas contó con oportunidades para demostrar su valía, por lo que se marchó cedido a Boca y a Cruzeiro, donde tampoco cuajó, de modo que Pinto da Silva decidió quitarse de encima su alta ficha dejándolo marchar casi gratis de vuelta a Colón, el gran beneficiado.



Y Hubo más. Los casos de PeléTomas CostaStepanov o Edgar Silva fueron similares y tampoco cumplieron con las expectativas creadas. Sin embargo, es cierto que a veces, para encontrar oro es necesario descartar antes unas cuantas piedras. Sin arriesgar fichando a "Ibarras" tampoco habrían llegado "Falcaos". Lo que está claro es que cualquier presidente de cualquier equipo firmaría tener estos borrones en su historial a cambio del rendimiento económico que Pinto da Costa ha sacado a la gran mayoría de sus ventas. Eso sí, toda persona genial, tiene de vez en cuando sus dolores de cabeza, y Prediger, Walter o Souza fueron los del gran Pinto da Costa. No pasa nada. Nadie es infalible.

sábado, 30 de marzo de 2013

Cuando las cuentas dejaron de cuadrar en el José Alvalade

No se puede afirmar que el Sporting de Lisboa haya sido un club despilfarrador en los últimos años. Si elaboramos un balance de sus cuentas comprobamos que el club portugués no ha invertido cifras estratosféricas en casi ningún futbolista. Más bien se trata de un equipo que nunca acertó con los fichajes. Por supuesto, este factor es casi tan negativo como el primero. Quien despilfarra es estúpido, pero aquel que falla una y otra vez en la incorporación de jugadores es un incompetente. Los directivos del Sporting de Lisboa se acercan más a la segunda que a la primera definición. 

Mientras que Oporto y Benfica lideran futbolísticamente Portugal con una filosofía de compra de jugadores desconocidos, normalmente sudamericanos, para su posterior venta a precios altos, el Sporting de Lisboa ha sido incapaz de planificar a largo plazo y ha vivido temporada a temporada fichando jugadores que destacaban en una campaña de manera aislada, sin seguir eje vertebrador alguno que justificase estas operaciones y pagando además precios relativamente altos por futbolistas que posteriormente apenas aportaron.


Ello ha llevado al Sporting de Lisboa al borde de la quiebra, razón por la cual se ha visto obligado a actuar con premura. Los de José Alvalade acaban de anunciar la venta de su principal estrella, Ricky Van Volfswinkel, al Norwich, por diez millones de euros. Y la razón es que el club portugués lleva años sin conseguir que alguna de sus inversiones económicas rindan como es debido. Sin ir más lejos, Van Volfswinkel, que llegó por seis millones de euros, ha sido incapaz de cumplir las expectativas. 

Pero el delantero holandés no ha sido el único en salir debido a las urgencias económicas. Xandao también ha dejado dinero en caja al marcharse al Kuban por tres millones de euros, mientras que Izmailov ha recalado en un rival directo, el Oporto, debido a que su alta ficha era ya insoportable para el club de la capital. Además, jugadores como Carriço, Onyewu o Pranjic han dejado el equipo sin pena ni gloria, a pesar de las altas expectativas que crearon con su llegada y del considerable sueldo que todos ellos cobraban en Lisboa. Por si fuese poco, el Sporting ha vendido por cantidades considerables a Insúa al Atlético de Madrid (3,5 millones), Joao Pereira al Valencia (3,7) o Mati Fernández a la Fiorentina (3,9), y aun así sus cuentas continúan en números rojos. Esto demuestra que desde hace algún tiempo los directivos del club capitalino aventuraban que las cuentas no cuadraban, y aun así se dejaron ocho millones de euros el pasado verano en la incorporaciones de Marcos Rojo y Matías Viola, jugadores que ni mucho menos han rendido como sus altos precios de traspaso hacían presagiar. Y lo malo es que esta ha sido una constante con la inmensa mayoría de los fichajes del Sporting de Lisboa desde hace más de un lustro.


De hecho, en las oficinas del José Alvalade se han cometido disparates como abonar casi nueve millones de euros por el ex jugador del Atlético Elías, seis por Sinama Pongolle, casi cuatro por Jeffrén, 3,5 por Diego Capel, 3 por Evaldo (sí, por Evaldo), 3,4 por Torsiglieri, o dos por Zapater. Como apuntamos anteriormente, estas operaciones no se pueden calificar como un despilfarro ya que muchos de estos jugadores prometían llegar alto. Sin embargo, ninguno de ellos ha triunfado en Lisboa, y eso no es casual. La planificación deportiva no ha sido la correcta.


De modo que el Sporting se está reinventando. Ha decidido abandonar una filosofía por la cual cada verano invertía millones de euros en jugadores que posteriormente no daban la talla y ahora parece volcarse en incorporar a futblistas portugueses, que no corran el riesgo de sufrir problemas de adaptación y que asuman fichas bajas sin apenas pagar dinero por su traspaso, siendo las cesiones un modo de supervivencia. Esto, unido a la posibilidad de que pronto surja de la cantera del José Alvalade un Cristiano Ronaldo, un Moutinho o un Veloso por el que ingresar altas cantidades, son las esperanzas con las que cuenta el Sporting para sobrevivir. 

Si años anteriores los resultados deportivos no eran buenos, tampoco se puede afirmar que fuesen desastrosos. Sin embargo el club lisboeta tocó fondo esta temporada y actualmente ocupa el puesto 10 de la Liga Sagres. Así, puede que este bache sea positivo. Es posible que la crisis económica y deportiva que atraviesa el Sporting le haga escarmentar y le obligue a apostar por una filosofía alejada de lo exuberante y más parecida a la eficiencia de Benfica y Oporto. Y es que como afirma Vetusta Morla en Los días raros, “sin borrón no hay trazo”.