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sábado, 14 de marzo de 2015

Me da igual dónde hayas nacido

No soy yo de los que apoyan a un futbolista únicamente por el hecho de ser español, por haber nacido en mi comunidad autónoma o por pertenecer a mi misma región. Siempre he valorado la actitud y la valía de un deportista por encima de su lugar de nacimiento. Es cierto que crecí en una zona, Ciudad Real, en la que nunca proliferaron futbolistas exitosos. Santiago Cañizares, Alberto Rivera, Tomas Pina y pocos más. Quizá por eso el origen de un futbolista siempre me pareció secundario.

Y juro que lo he intentado. Lo he intentado de veras. Por ejemplo, a falta de equipos ciudadrealeños en la élite, intenté apoyar de corazón al Albacete, al Toledo o al Guadalajara en cuanto alcanzaban la Segunda división. Pero no había manera. Ese sentimiento nunca dejaba de ser artificial y terminaba entonando el No puedo enamorarme de ti de Joaquín Sabina. Siempre sentí envidia de la gente que es de un equipo modesto de una ciudad pequeña, al estilo Premier. Pero opino que ese amor no se elige, y que como con todos los amores, si se fuerza es peor.



Así pues, cuando supe que alguien de mi pueblo jugaría por primera vez en la historia en Primera división ni me inmuté. Ese hombre, un portero del Valladolid llamado Jaime Jiménez, debería ganarme por su fútbol y actitud, no simplemente por ser de Valdepeñas.

Mis amigos pronto empezaron a apoyarlo y a alabarlo, incluso aquellos que jamás habían oído hablar de él. Yo, que ya le había visto algún partido con el conjunto pucelano en Segunda, no le auguraba gran éxito a pesar de haber conseguido el premio Zamora, y su debut en la élite (con 31 años) me dejó indiferente. Sí, tenía cierta agilidad y buena capacidad de reacción, pero también lo veía inconsistente por alto, atropellado en sus decisiones y precipitado en las salidas. Jamás me pareció un portero para Primera y predije que no tendría nivel para ocupar uno de los veinte arcos de la Liga durante mucho tiempo. Y así pareció ser. Pronto Dani Hernández (ahora en el Tenerife) le arrebató el puesto y Jaime calentó banquillo durante mucho tiempo.


Y fue entonces cuando lo conocí de verdad. Mientras intuía que Jaime se resignaría y buscaría una transición cómoda como suplente en Primera o como titular en Segunda hacia la retirada, lo que hizo en vez de eso fue trabajar duro en cada entrenamiento, tal y como sucedió cuando fichó por el Elche y un tal Willy Caballero ocupaba el puesto de titular. Y aunque en aquella ocasión la oportunidad le llegó tras la marcha del argentino al Málaga, en el Valladolid consiguió sentar de nuevo a Dani Hernández y volver a afianzarse como el portero titular por méritos propios. Mi fallo número uno se había consumado.

El número dos no tardó en llegar, puesto que la situación se repitió la temporada siguiente, es decir el pasado año. El Valladolid se deshizo de Dani Hernández y fichó a Diego Mariño, que comenzó como portero titular. De nuevo auguré el fin de Jaime y al igual que con la quiniela cada fin de semana, la volví a cagar. El valdepeñero terminó jugando ofreciendo grandes actuaciones y convirtiéndose en una máquina de dar dieces en comunio.

Pero yo seguí viéndolo como un portero irregular, llamativo pero inconsistente. Un arquero para resúmenes de televisión. Y aquí viene mi fallo número tres. Esta temporada abandonó tierras pucelanas y fichó por el Eibar y una vez más auguré que de los 38 partidos de Liga jugaría cero. Más que nada porque Xabi Irureta es el portero titular del Eibar desde Segunda B y porque se trata de un guardameta valiente y ágil, tal como ha demostrado en la primera vuelta, en la que incluso lo vi capacitado para jugar en la Selección.


Empiezo a pensar que el fútbol no es lo mío. Tras varias cantadas graves de Irureta, Gaizka Garitano optó por hacer lo que nunca sucederá con Casillas y dio una oportunidad al segundo portero debido a las dudas que provocaba el titular. Y ale-hop, Jaime de nuevo. Y de nuevo parando. Por tercera vez, cuarta si contamos lo de Willy, Jaime me cerró la boca y demostró que no sólo es de mi pueblo, sino que además es un portero con nivel suficiente como para jugar en Primera división. Y aunque sigo pensando que la consistencia no es su fuerte y que le falta solidez, le sobra capacidad de sacrificio, trabajo y esfuerzo. Y por eso ahora lo sigo, haya nacido donde haya nacido.

lunes, 7 de marzo de 2011

El curioso caso de Wakaso Mubarak

Está claro que su historia no es tan apasionante como la de Benjamin Button. Wakaso Mubarak no nació con aspecto de anciano. Ni tampoco ha ido rejuveneciéndose con el paso de los años, como le sucede al protagonista de fenomenal largometraje creado por David Fincher y protagonizado por Brad Pitt y Cate Blanchett. Sin embargo, lo que pasó con Wakaso en el pasado mercado de invierno me impactó casi tanto como el amor imposible entre los protagonistas de El curioso caso de Benjamin Button. De ahí la analogía.


Cuando un equipo despide a un jugador a escasas seis horas del cierre del mercado de invierno, lo más normal es que ese futbolista permanezca lo que resta de temporada viendo el fútbol desde el sofá de su casa. Wakaso es la excepción. Este centrocampista ghanés se convirtió en una de las sorpresas del mercado invernal al cambiar el Elche por el Villarreal a última hora y contra todo pronóstico.

Wakaso llegó al Elche en 2008. Los ojeadores del conjunto ilicitano lo descubrieron jugando en el Ashanti Gold de Ghana y decidieron incorporarlo a la plantilla. No le costó mucho hacerse con la titularidad gracias a su importante despliegue físico. Wakaso es un centrocampista defensivo con velocidad y potencia que también puede jugar algo más adelantado o incluso escorado en banda. Además, posee una temible llegada. Sus cualidades no pasaron inadvertidas para equipos como el Sevilla, que ya el año pasado intentó hacerse con sus servicios sin éxito. De todos es sabido el amor que siente Monchi por los centrocampistas de lucha y brega como Wakaso.


Y es que si el Elche quedó a las puertas del ascenso el año pasado, fue en gran parte gracias a la aportación de Wakaso, que se convirtió en un referente dentro del vestuario y en un ídolo para la afición. Esta temporada el jugador ghanés siguió en la misma tónica, convirtiéndose en el líder del equipo. Por eso nadie se esperaba el despido “discipliario” (según palabras de José Sepulcre, presidente del Elche) de Wakaso. Sobre todo a sabiendas de que varios equipos de Primera División hubiesen pagado por su traspaso. De ahí que muchos hayan empezado a especular con la posibilidad de que el despido forme parte de una operación para traspasar el porcentaje de los derechos federativos del guineano, algo que sería económicamente beneficioso para el Elche.

El entrenador del Elche, José Bordalás, en consonancia con la directiva, ha afirmado que el jugador no estaba integrado y ha insinuado que su marcha podría ser un alivio para el vestuario y beneficiosa para el equipo. Dudo mucho que la afición ilicitana esté de acuerdo, y más aún cuando Wakaso está entrenado con la primera plantilla de un grande como el Villarreal. De hecho, hace dos jornadas debutó en la Liga BBVA con los castellonenses e incluso fue convocado para disputar la eliminatoria de Europa League contra el Nápoles. Parece que Garrido cuenta con él para el centro del campo del Villarreal, sobre todo si persisten los problemas físicos de Senna. Además, la marginación a la que Matilla está siendo sometido por el técnico del Villarreal da vía libre para que Wakaso pueda entrar de forma regular en las convocatorias.


Sería interesante saber qué opinan Bordalás y Sepulcre si el año que viene Wakaso se convierte en un fijo con el Villarreal. Será difícil justificar entonces su despido, sobre todo si el Elche no consigue el ascenso, puesto que la peregrinación de los ilicitanos por la categoría de plata dura ya demasiado. Puede que el caso de Wakaso haga rodar algunas cabezas.