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jueves, 7 de julio de 2011

Los italianos no funcionan en España

El fichaje de Albertazzi por el Getafe ha sido una operación sorprendente. No sólo por el hecho de que sean pocos los futbolistas italianos que han jugado en España, sino también porque podemos contar con los dedos de una mano los futbolistas transalpinos que han triunfado en nuestro país. Además, la mayoría de los jugadores que llegan desde tierras berlusconianas cuentan con una dilatada experiencia en el Calcio. Albertazzi en cambio no. Apenas ha disputado partidos con el Milan al primer nivel en Italia y las dudas sobre si logrará encontrar minutos en el Getafe hacen temer lo peor. Muchos piensan que tendrá suerte si llega el mercado de invierno y no ha vuelto a su país.


Albertazzi es un jovencísimo central que ha llegado a lo más alto tanto en las categorías inferiores de la selección italiana como en el equipo Primavera del Milan. Los analistas del Calcio lo consideran como el sustituto de Maldini. Zurdo como él, maneja bien el balón, combinando colocación con velocidad. Sus características se asemejan a las de la leyenda milanista salvando las distancias, pero puede que eso no sea suficiente como para llegar hasta donde llegó il capitano. Y mucho menos si no se adapta al fútbol español. Acumular un borrón en su currículum en forma de fracaso en el Getafe puede que no sea nada bueno para él. 

Y es que solo hay que ponerse a recordar. Hace unos años el Valencia insistió en plagar su equipo de futbolistas italianos. Fiore y Corradi llegaron de la mano, y el fracaso de ambos fue estrepitoso. Eran futbolistas con gran caché en el Calcio, pero tras su paso por el conjunto ché fueron consumiéndose futbolísticamente hablando y ya nunca volvieron a recuperar su nivel. Después llegó Moretti, y aunque logró adaptarse mejor que sus compatriotas, se marchó sin pena ni gloria de Mestalla. Puede que no fracasase, pero tampoco lo ha hecho David Navarro y su marcha a Suiza no será llorada por nadie. Por no hablar de Di Vaio, un jugador que llegó con la aureola de crack y que se fue con las mismas. Como dice Marea en Duerme Conmigo, “despierto como me acosté”… 


Francesco Coco también aterrizó en España, esta vez en el Barcelona, para romper el gafe. Es cierto que su llegada coincidió con uno de los peores momentos en la historia del club culé. Y quizá por ello su chasco fue mucho mayor. Yo personalmente solo recuerdo de Coco que me reía cuando jugaba con Cocu debido al juego de palabras. Nada más. 

Venturín, De Sanctis, Serena, Albertini, Cigarini… son más ejemplos de este mal que parece afectar únicamente a los futbolistas italianos que vienen a “ganarse el pan” a nuestro país. Recuerdo que también existió una época en la que los futbolistas fraceses se veían afectados por algo parecido. Dugarry, Christanval o Petit provocaron que el Barcelona se olvidara de fichar gabachos durante un tiempo. Pero Giuly o Makelele rompieron el gafe.
 



Los escépticos apuntarán que me equivoco. Alegarán que existen futbolistas como Rossi que triunfan en nuestro país a pesar de haber nacido en la tierra de la pasta. Pero existe un pero, valga la redundancia (va por ti, Manu). Rossi no se ha crió en Italia, de hecho nació en Estados Unidos y se forjó como futbolista en las categorías inferiores del Manchester United. Por lo que se trata de un ejemplo que no me vale. De hecho, solo recuerdo una excepción, que quizá ¿y por qué no? sea la que confirme la regla. Se trata de Panucci. El madridista vivió días de gloria en el Real Madrid y todos los aficionados recordarán con una sonrisa a este pundonoroso defensor. Además, hace relativamente poco tiempo de su paso por el Bernabéu. Apenas quince años. ¡Qué no somos tan viejos, coño!


En definitiva, es entendible que la adaptación de futbolistas acostumbrados a una competición completamente distinta a la nuestra resulte complicada. Albertazzi posiblemente esté habituado a un tipo de juego en el que se encuentra más arropado por su equipo de lo que lo estará jamás en España. En el Getafe se expondrá continuamente a que jugadores como Messi, Ronaldo o Piatti le dejen en evidencia en el uno contra uno. Eso pocas veces sucederá en Italia, país en el que la defensa es el pilar sobre el que se sustentan la mayoría de los equipos. Pero esto no significa que Albertazzi vaya a fracasar automáticamente. Si lucha por adaptarse a nuestro fútbol y hace gala de la calidad como defensor que indudablemente posee, tendrá muchas posibilidades de coger todo lo que acabo de escribir y mandarlo al cubo de la basura.

lunes, 14 de febrero de 2011

La marcha del mejor delantero centro de la historia

No tenía pensado escribir sobre la retirada de Ronaldo, puesto que todos los medios deportivos y generalistas hablan hoy de ello. Sin embargo, no puedo dejar de pensar que el astro brasileño fue quizá el primer gran futbolista que vio la gente de mi generación. Es cierto que crecimos con grandes jugadores como Kiko, Zidane, Matthäus o Shearer, pero ninguno de ellos dejó boquiabiertos a tantos niños como Ronaldo en aquellos años noventa que ahora parecen tan lejanos.

Recuerdo a aquel Ronaldo, joven y velocísimo. Regateador. Que dejó sentados a la mitad de los jugadores del Compostela partiendo desde el centro del campo y logrando un gol que pasó a la historia. Ese Ronaldo alcanzó los 34 goles aquella temporada con el Barcelona, una cifra impensable antes de que Messi y Cristiano decidiesen aparecer y romper todos los registros.




También recuerdo que el año siguiente se marchó al Inter de Milán por 4.000 millones de pesetas, por aquel entonces una millonada. Esa temporada marcó 25 goles y llegó al Mundial de Francia en plena forma. Ronaldo cuajó un gran torneo pero perdió el título ante la Francia de Zidane, en una noche en la que la vida del brasileño corrió peligro debido a un ataque epiléptico horas antes de la final.

Lo siguiente que viene a mi memoria es algún que otro gol de Ronaldo con la camiseta del Inter y dos escenas que nunca olvidaré. La primera, el fatídico día en el que el brasileño se lesionó gravemente. La segunda, el día de su vuelta a los terrenos de juego después de un año, en el que se volvió a lesionar. Cuando vi a mi ídolo, un hombre al que consideraba un ser superior, llorando sobre el césped mientras se agarraba su rodilla, pensé que el Ronaldo que me había deleitado jamás reaparecería.




Pero me equivoqué. Volví a disfrutar de él en el Mundial de Japón y Corea. Ese verano de 2002 O Fenomeno apareció en nuestras pantallas con el peinado más extraño que un futbolista haya podido lucir jamás. Consiguió hacerse con el Mundial, quitándose la espina que llevaba clavada desde 1998, y se erigió como el mejor jugador del torneo.

Y fichó por el Real Madrid. Fue una apuesta arriesgada de Florentino Pérez, que sabía que no había un jugador que pudiese ilusionar tanto a la hinchada merengue como el brasileño. El presidente blanco aseguró la pierna de Ronaldo a todo riesgo y lo incorporó a un equipo de ensueño tras una durísima negociación con Moratti. Ronaldo debutó con dos goles ante el Alavés y durante cuatro años me convenció de que era el mejor jugador que había visto en mi vida, hasta la llegada del inalcanzable Messi.



Pero este Ronaldo era distinto al primer Ronaldo. La velocidad y el regate dieron paso a la potencia y al olfato goleador. Cuando agarraba el balón y encaraba a los defensas parecía que una manada de búfalos se encaminaba hacia la portería rival. Después de las lesiones, cambió la espectacularidad por la efectividad y se consolidó como el mejor nueve de toda la historia. Es cierto que Messi es mejor que el mejor Ronaldo, pero como delantero centro, el brasileño erá inigualable.




Después de dejar el Real Madrid, Ronaldo aún tuvo tiempo para jugar en el Milan, donde se volvió a lesionar gravemente. Pero se recuperó de nuevo, por tercera vez, fichando por el Corinthians y marcando una buena cifra de goles.

Es justo recordar todo este a pesar del lamentable estado de forma con el que abandona el fútbol, dando una penosa imagen de la liga brasileña que es completamente inmerecida, ya que los clubes brasileños son los reyes de Sudamérica. Pero Ronaldo no ha jugado con sobrepeso porque el nivel del Brasileirao fuese bajo, sino porque nadie podía obligar a un jugador tan grande a colgar las botas hasta que él así lo quisiera. Es lo menos que se merece el mejor delantero centro jamás visto.

sábado, 15 de enero de 2011

Absurdeces futbolísticas

Hay decisiones que cuesta entender. La creación del ministerio de Igualdad, el rodaje de El Efecto Mariposa II, o la elección de Periodismo como carrera son un ejemplo. Se trata de consideraciones que encuentran la oposición de una clara mayoría y que escasamente son defendidas con criterio por quienes las apadrinan.

Es el caso de Atlético de Madrid, un equipo que el año pasado sufrió debido a su corta plantilla. La llegada de hombres como Diego Costa o Mario Suárez parecía ser el remedio para este mal, de no ser porque los colchoneros se desprendieron de jugadores como Ibrahima o Salvio, volviendo a empequeñecer sus virtudes. Parece que el Atlético no entiende el concepto “profundidad de plantilla”, y eso que Quique Sánchez Flores ha pedido educadamente (algo no muy típico en él) refuerzos para su equipo.



 Asimismo, la venta de Jurado y el reciente interés por Rakitic son dos acciones atléticas que representan la viva imagen del mundo de las contradicciones. A principio de temporada Cerezo vendió al centrocampista español al Schalke 04 por unos doce millones de euros. Pero es que hasta hace poco, el Atlético ha mostrado interés en pagar la misma cifra por el croata. ¿Por qué vendió entonces a Jurado?

Pero esto no acaba ahí. Cedric, jugador cedido por el Atlético de Madrid al Numancia, se está mostrando como una de las revelaciones de Segunda División. Gonzalo Arconada redescubrió a este jugador como extremo izquierdo, pero ha sido con Juan Carlos Unzué como entrenador, con el que Cedric ha mostrado todo su potencial. Velocidad, desborde, técnica y llegada son sus principales características. ¿Nadie desde el Vicente Calderón ha creído conveniente recuperar a este genial jugador en el mercado de invierno ante las carencias del equipo?


Más absurdo si cabe es el modo en el que el Real Madrid está buscando a un nueve. Se han barajado nombres que han provocado risa a más de uno. Nadie se explica que un delantero como Gekas, que durante años se ha arrastrado literalmente por los terrenos de juego alemanes, aparezca en la lista de delanteros que barajan los técnicos merengues. Vale que sea el actual pichichi de la Bundesliga. Pero es que estamos hablando del Real Madrid.


Fuera de España las incoherencias futbolísticas también están presentes. Nadie conoce la razón por la que Mancini sigue apostando por un trivote para el centro del campo del Manchester City, por ejemplo. Por muy ofensivo que pueda ser Touré Yayá, una medular formada por él, Barry y De Jong impide, por fuerza, que la mejor plantilla de Inglaterra lidere con solvencia la Premier. Esto, unido a la suplencia inexplicable e ilógica de Adam Johnson, hace que muchos aficionados pidan la cabeza del técnico italiano en bandeja.

Tampoco es entendible que el Milan haya creado un superequipo en la delantera, mientras que el centro del campo y gran parte de la defensa parecen formar parte de un chiste. Jugadores como Bonera, Flamini o Seedorf hace tiempo que deberían estar en las catacumbas del fútbol actual.

Pero lo peor de todo es que hay gente, como mi estimado J.J Sarabia, que defiende muchas de estas posturas. Cuando Sarabia (alias Sanabria) opina, se transforma en un avión sin ruedas que vuela magníficamente pero que al aterrizar se la pega. Se trata de un amante de las piscinas de barro que le ofrece la mayoría de la propaganda sevillista. Disfruta revolcándose en ellas
. Pero parece que nos tendremos que resignar a vivir con este tipo de insultos a la inteligencia. ¿Quién sabe? Quizá sin ellas el fútbol no sería lo que es.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

El fútbol agoniza en Italia

¿La horizontalidad y el buen gusto del Barcelona o la verticalidad y el orden del Real Madrid? Son diversos estilos de juego que por suerte podemos observar en España y que nos permiten deleitarnos cada fin de semana. En Italia no tienen esta suerte. Cada año el Calcio se vuelve más triste en su juego y menos atractivo para el espectador. Hace dos jornadas se alcanzó la triste cifra de doce goles en los diez partidos que se disputaron, lo que dice muy poco del fútbol que se practica en ese país.


Los empates a cero comienzan a ser la tónica dominante de una competición que se encuentra en decadencia. La Bundesliga le pisa los talones y es probable que dentro de unos años sean cuatro los equipos alemanes que participen en la Liga de Campeones y únicamente tres los italianos. Sería un duro golpe para el Calcio, una competición que históricamente ha recibido a grandes jugadores como Weah, Van Basten, Bierhoff, Batistuta o Ronaldo, y que sin embargo, hace unos años, se convirtió en una jaula de la que grandes estrellas como Zidane tuvieron que emigrar para poder demostrar la verdadera valía de su fútbol.

Es triste comprobar como por ejemplo un Nápoles-Génova, con Lavezzi, Pastore, Palacios o Veloso sobre el campo, termina sin goles y lo que es peor, sin una sola jugada trenzada con sentido por alguno de los dos equipos. Y tres cuartos de lo mismo sucede cuando los grandes se enfrentan entre sí. Y es que, a pesar del triplete conseguido el año pasado, da la sensación de que a este poco renovado Inter de Milán de Rafa Benítez le costará repetir la gesta. Sus resultados, y sobre todo su juego, están siendo muy diferentes a los del año pasado, y es que a pesar de que muchos tildan a Mourinho de ser un entrenador defensivo, la intensidad y la verticalidad siempre ha estado presente en sus equipos. Sin embargo, en Italia, a día de hoy, incluso el ritmo del juego en los partidos se ha visto reducido.

La Juventus y el Milan, por su parte, han optado por una total revolución en sus plantillas con la que tampoco han conseguido mejorar de forma notable el nivel de su juego. El equipo de Berlusconi optó por el star system propio del cine americano de los 30 y los 40 para volver a ilusionar a su afición, pero a la efectividad y elegancia de los Robinho, Ronaldinho y Pato le afecta sobremanera una plantilla corta que se parte en dos cada vez que el ritmo que le impone el rival aumenta las revoluciones del partido. La Juventus en cambio se ha refugiado en el 4-4-2 imperturbable de Luigi Del Neri para mostrar un bloque compacto que depende en exceso de Del Piero y de la electricidad de Krasic para ganar partidos, ya que la creatividad de su centro del campo suele ser nula.




De hecho, en el partido del pasado domingo que enfrentó a la Vecchia Signora contra el Cesena, se pudo observar claramente como los equipos recién ascendidos están comenzando a apostar por el fútbol de toque para intentar doblegar a los grandes del Calcio. Ya sucedió el año pasado con el Bari, y esta temporada un Cesena liderado por Parolo en el centro del campo (un jugador a lo Xavi, algo que no abunda en Italia) parece que quiere apostar por el buen gusto en su fútbol como camino más corto hacia la victoria. Ante la Juventus dominó casi por completo el partido a pesar de contar con un jugador menos durante bastante tiempo.



Con todo esto, parece difícil que Italia comience a dar bola a los Parolo, Cigarini, Candreva o Liverani, y lo más probable es que Palombo, Gattuso, Sissoko, o Motta ganen un combate en el que la técnica agoniza mientras la táctica prepara el hachazo final que coloque al Calcio como la cuarta liga europea, y bajando.




Pero no puedo cerrar esta entrada, en la que hablo de lo decrépito que es el fútbol en algunos lugares, sin acordarme de mi buen amigo J.J. Sarabia, un firme defensor de anteponer el fondo a la forma y el fin a los medios. En su blog, que por cierto cuenta con bastantes menos visitas que el mío, compruebo de nuevo de forma lamentable que continúa hablando del Sevilla, y solo del Sevilla. Desde aquí le aconsejo, señor Sarabia, que si desea aumentar el éxito de su espacio, diversifique los contenidos para intentar así llegar a más gente. No se obceque, como les sucede a la mayoría de entrenadores que pasan por el Pizjuán, y deje volar su imaginación, como hace Özil cada vez que su empeine acaricia la pelota.