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viernes, 20 de febrero de 2015

Recordando a Mandaluniz

Existen momentos de la vida que te vienen a la mente sin saber muy bien por qué. En la comida, antes de irte a acostar o al escuchar algo mínimamente relacionado con el tema, el recuerdo acude puntual. Nunca olvidaré, por ejemplo, la escena final de Ghost, una tarde en la que mi madre me mandó a la cama sin cenar o a mi antiguo compañero de piso intentando matar a un saltamontes en su cuarto. Nimiedades que permanecen en mi mente. Javier Mandaluniz es una de ellas.


Me acuerdo perfectamente de aquel verano, en la fresca planta de abajo de casa de mis padres, sentado como siempre en primera fila ante la tele. No recuerdo el año, aunque la página web de la FIFA me dice que fue en 2003. Era el Mundial sub-17 y todo el mundo hablaba de Cesc por su gran torneo y por su reciente marcha al Arsenal, en un éxodo de futbolistas españoles al extranjero que en esa época no había hecho más que comenzar.

Desde luego me fijé en Cesc, pero fiel a mi irritante y concienzuda actitud, me aprendí de memoria la alineación de España. Recuerdo perfectamente a Sisi en banda, a Markel Bergara y Pallardo en el medio, a Jurado y David Silva en la mediapunta o a Xisco en punta. Sin embargo, la memoria me falla y algunos de estos nombres me bailan, por lo que necesito revisar alineaciones para comprobar que fueron ellos los que se impusieron a Brasil en aquella final en tierras finesas. Sólo Cesc permanece impasible en mi mente. Y Mandaluniz, por supuesto. Recuerdo su peinado típico vasco, todo para abajo y sin gomina. Recuerdo que era del Athletic y que estaba seguro de que sustituiría a Aranzubia y Lafuente en la portería de los leones en breve. No destacaba por su envergadura ni tampoco le recuerdo grandes paradas, pero se mostraba sólido y mis ganas de descubrir jugadores hicieron el resto.



Hace poco Mandaluniz volvió al conjunto de recuerdos que forman mi memoria futbolística ya que leí en planetafichajes que acaba de fichar por el Gimnástica Torrelavega. Será el quinto equipo en el que deambulará por Segunda B tras Bilbao Athletic, Lleida, Real Sociedad B y Logroñés. Para satisfacción de mis amigos cercanos, una vez más me he equivocado y Mandaluniz jamás jugará en el Nuevo San Mamés como local. No obstante, tiene 27 años aún, por lo que quizá le reste aún una década dedicándose a su pasión y contando a sus compañeros de vestuario que un día levantó el trofeo de campeón del Mundo junto a Cesc, Silva y varios más.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Delboscadas

Dudaba entre titular este post “delboscadas” o “delbosquinhas”. Finalmente me he decidido por el primer término. Más español, ¿no creéis?. En cualquier caso ambas palabras (inventadas por un servidor) pueden valer. Una delboscada es una decisión de Del Bosque inentendible y completamente absurda. Ya, ya veo que estáis echándoos las manos a la cabeza. “Hemos ganado un Mundial y una Eurocopa con él", argumentaréis. Pero dejad que me explique.


La mayor (y quizá la única) virtud de Del Bosque es crear grupo. Es el rey haciendo piña y en el trato con sus jugadores. Además, su estilo pausado y pacífico resta presión al equipo, algo de un valor inmenso para todo un campeón del mundo. Vale. 

Sin embargo, tácticamente y en la toma de decisiones, Del Bosque es un entrenador mediocre. El injustificadamente inamovible doble pivote Xabi Alonso-Busquets o la apuesta descerebrada por jugar con un falso delantero son ejemplos que desquician por su incoherencia, a pesar de los resultados. En mi opinión el fin no justifica los medios y este tipo de cosas tienen un nombre. Delboscadas. Ya en su etapa en el Real Madrid el técnico salmantino abandonó tácticamente al equipo de manera descarada, algo que se apreciaba en el Santiago Bernabéu y en Ottawa, Canadá. 

Este perfil de entrenador, no obstante, funciona a las mil maravillas cuando cuentas con jugadores de primer nivel que conocen a la perfección su trabajo, como sucede en la selección o en aquel Real Madrid. Sin esa infraestructura, las delboscadas se imponen y el equipo sale perjudicado. El Besiktas lo sufrió y destituyó a Del Bosque cuando el equipo estaba eliminado en la Copa de Turquía, fuera de la antigua Copa de la UEFA y a 14 puntos del líder (el Fenerbache, por aquel entonces) en la liga turca. 

 
Puede que hoy España avasalle a Uruguay (lo dudo mucho, Del Bosque está siendo incapaz de concienciar a sus jugadores de la importancia de los partidos amistosos). Puede que ganemos el Mundial en Brasil y que Del Bosque sea adorado por nuestros hijos y nietos. Pero yo no soy oportunista y hay cosas que no me convencen y que seguiré criticando. La última, además de no convocar a Michu (increíble) es la de apostar por Mario Suárez (a día de hoy suplente en el Atlético) por encima de Arteta, Gabi (titulares indiscutibles e indispensables en sus respectivos equipos), Javi García o Javi Martínez. Unos dirán que Del Bosque sabe lo que hace. Yo digo que delboscada.

martes, 23 de octubre de 2012

Aquello de lo que no se puede hablar

Siempre defenderé que la unanimidad no puede existir al hablar de fútbol. O al menos no en el mayor número de casos. Por supuesto hay excepciones y parece obvio que todos estaremos de acuerdo al afirmar que el Barcelona juega mejor que el Palermo o que Silva posee más calidad técnica que Lolo (Osasuna). Por ejemplo. Sin embargo, la mayoría de argumentaciones que esgrimen los que saben de este deporte pueden ser rebatidas. 

Así, mientras Axel Torres jura que Modric rinde mucho mejor como mediocentro, Maldini asegura que si posición ideal es la de mediapunta. Con Raúl se vivió algo parecido en España, con una lucha encarnizada entre raulistas y antiraulistas, al igual que en Inglaterra muchos periodistas critican el para ellos excesivo protagonismo de Welbeck tanto en el Manchester United como en la Selección Inglesa. En Italia reina un debate sobre qué laterales debería jugar de entre los Maggio o Abate por la derecha y Balzaretti o Criscito por la izquierda. Y también en Alemania existen grandes discusiones sobre qué tres jugadores deberían jugar por detrás del delantero en la Selección de entre los Muller, Özil, Podolski, Gotze, Reus, Kroos… 




Puede que en ningún otro aspecto de la vida las cosas puedan ser tan fácilmente blancas o negras como en el fútbol, pasando por una amplia gama de grises. En cada equipo de cada país existen debates sobre diferentes aspectos futbolísticos, grandes discusiones en las que es difícil determinar quién se equivoca y quién no. Como explica Gary Alan Fine, profesor de Sociología de la Universidad de Northwestern, “hay información más que suficiente para demostrar cualquier cosa que quieras defender”. Y esto es aún más evidente si cabe en el mundo del fútbol. 

No obstante en España existen temas que parecen inabordables. Hay aspectos sobre los que no se puede opinar ya que se da por supuesto que “todo el mundo” está de acuerdo y que por lo tanto es imposible disentir. Como con Del Bosque. El técnico salmantino lo ha ganado todo con el Real Madrid y con España, por lo que quien ose atacarle por cualquier motivo está atentando contra el combinado nacional, contra la humildad y contra todo lo que tenga que ver con el buenismo. España empató contra Francia el pasado martes pero antes de que cualquier ser humano se atreviese a resaltar los posibles errores cometidos salieron a la palestra los Iñaki Cano, Sergio Sauca o Rubén Uría a decir que ellos seguían confiando en este equipo, que es imposible no seguirles al fin del mundo y que todo aquel que se atreva a hablar mal de Del Bosque es un oportunista.




Y yo me pregunto. Si España empezase a perder partido tras partido durante años, ¿a partir de qué siglo se podría hablar mal de Del Bosque? ¿no es posible criticar algunos aspectos del planteamiento del seleccionador español sin poner en duda todo lo que ha ganado? ¿tiene derecho a vivir aquel que opina que Del Bosque es un entrenador tácticamente deficiente? 

Es cierto que vivimos en un país en el que se suele matar en seguida a aquel que tiene un fallo, pero tan malo es esto como defender durante toda la vida al que ha cosechado algún gran éxito. En España nadie puede criticar a Casillas aunque esté en baja forma, por ejemplo. “Nos ha dado mucho, ¿cómo lo puedes criticar?”, argumentan.




Y es lamentable. Porque perpetuar hasta el infinito aquello que nos hizo ser los mejores es precisamente lo que provoca que nos demos cuenta demasiado tarde de que ya no lo somos. La autocrítica es básica para mantenerse en lo más alto, un valor que escasea en este país incluso más de lo que prolifera la envidia.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

La falsa leyenda de la cantera

Durante años ha corrido y triunfado la teoría de que en la Liga los equipos españoles apenas hacen uso de la cantera. Se ha criticado la supuesta llegada masiva de jugadores extranjeros a costa de los jóvenes valores que esperan una oportunidad en las categorías inferiores.

Si bien es cierto que la aprobación de la ley Bosman flexibilizó el mercado y permitió la contratación de un mayor número de jugadores extranjeros, parece claro que cada vez son más los entrenadores de conjuntos españoles que deciden apostar por la cantera. Los triunfos desde hace ya muchos años de la selección española en categoría inferiores vienen a refrendar este argumento. Esos futbolistas que siendo menores de edad triunfaron con España, son los que han dado un salto de nivel a la Liga y también, una parte de ellos, los que han conseguido que la selección absoluta mande tanto en Europa como en el resto del mundo.




Mis detractores (que son muchos) apuntarán que el éxito de muchos jugadores españoles se dio tras su marcha a equipos extranjeros, debido a la imposibilidad de triunfar en nuestro país por la escasez de oportunidades. A esto responderé que muchos de esos jugadores se marcharon, o bien cuando aún no se les había descartado del equipo en cuestión (Cesc o Piqué), o bien cuando ya habían debutado y destacado en sus respectivas plantillas (como Torres, Arteta o Silva).

No hace mucho leía varios artículos catastrofistas que hablaban de la decadencia de la Liga debido a la hegemonía de Real Madrid y Barcelona, al desigual reparto de los derechos televisivos, a la deplorable gestión de la LFP y a la escasez de canteranos en las plantillas de Primera división. No negaré los tres primeros factores, pero con lo que he expuesto más arriba, creo que dejo clara mi postura en lo que respecta al último punto.

Y es que únicamente hay que mirar las plantillas de los equipos españoles de la máxima categoría para afirmar que la leyenda de que no se cuenta con la cantera, a día de hoy, es falsa.




El Mallorca, por ejemplo, es uno de los conjuntos que más y mejor uso hace de los jugadores del filial. Pau Cendrós, Kevin, Bigas, Tomás Pina (que tiene unas condiciones impresionantes, algún día hablaré de él) o Álvaro son algunos ejemplos. Todo ello sin contar a gente como Ramis o Nsue, ya afianzados en el equipo. El Espanyol también ha tenido siempre muy en cuenta la cantera, y cada año hace uso de multitud de jugadores de las categorías inferiores, como ha sido el caso de Raúl Rodríguez, Galán, Rui Fonte, Thievy o Amat.

Del mismo modo, Recio, Juanmi, Apoño o Jesús Gámez son fruto de la cosecha malagueña, mientras que Illarramendi, Íñigo Martínez, Pardo o Agirretxe representan los éxitos de la factoría donostiarra. Por no hablar de Villarreal, que cuenta con uno de los mejores filiales del país. Todo ello sin olvidar que el Racing suele sacar excelentes jugadores, como Canales, Marcano o, actualemente, Jairo, y que conjuntos como Sevilla y Osasuna se nutren de jugadores jóvenes como Luis Alberto, Campaña, Andrés Fernández o Flaño. El último en sumarse a esta lista parece ser el Betis, con los Vadillo, Pozuelo, Sergio o Alex Martínez.




Si a eso añadimos que Athletic de Bilbao y Barcelona viven prácticamente de su cantera, podemos concluir que los conjuntos de nuestro país tienen muy en cuenta a las jóvenes promesas, y más en tiempos de crisis, en los que mirar lo que hay en casa siempre sale más barato que arriesgarse a comprar fuera. Getafe, Granada, Zaragoza o Levante son excepciones que no deben hacernos olvidar que lo más importante de la Liga española son los Xavi y Casillas que dentro de diez años seguirán levantando eurocopas y mundiales. Los equipos españoles lo saben y lo tienen muy en cuenta. Ténganlo por seguro.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Silva, el mejor jugador español del momento

No hay consenso sobre el nombre del mejor jugador español de toda la historia. Unos tiran de archivo y afirman que Luis Suárez, López Ufarte o Amancio merecen ese reconocimiento. Di Stefano también aparece como candidato, aunque no está claro si se le puede considerar español del todo, puesto que disputó partido internacionales con Argentina y Colombia. Por otro lado, los enamorados de la actual selección española, defienden que Xavi, Casillas o Villa deben aspirar a ese galardón, por ahora inexistente.

Yo no sabría decir quién fue el mejor jugador español de nuestro país desde que el balón empezó a rodar en Gibraltar hace más de cien años. Pero si sé que Silva es el mejor futbolista español del momento. Y es que el canario lleva varios meses demostrando que puede y debe tener protagonismo en el equipo campeón del Mundo y de Europa.


Admito que, hasta que se marchó a Inglaterra, Silva no me parecía nada excepcional. En el Valencia marcaba las diferencias pero jamás pensé que podría llegar a su nivel actual. Por entonces jugaba tirado a banda, algo que creo que le perjudicaba. De hecho en la selección también se asumía que su posición natural sobre el campo debía ser junto a la línea de cal.

Pero en el Manchester City Mancini ha descubierto el sitio exacto en el que Silva puede llegar a ser, si no lo es ya, uno de los diez mejores jugadores del Mundo. El técnico italiano decidió colocar al ex valencianista en la típica posición del 10. De mediapunta, con campo por delante, Silva ha demostrado todo lo que vale. Si visión de juego es increíble y creo que poco sabíamos que poseía tal calidad y precisión en el pase. Además, posee casta y una capacidad de brega que lo hacen ser un jugador excepcional.


Silva lleva dos meses deleitando a los espectadores del futbol inglés. Para mí es sin duda el mejor jugador de la Premier hasta ahora, y de su mano el Manchester City está llamando a hacer grandes cosas tanto en el campeonato doméstico como en Europa.

El canario era consciente de todo esto, y también sabía que, a pesar de su enorme calidad, lo tenía difícil para ser titular en la selección española. Por eso decidió llorar para mamar, algo poco ético pero casi siempre eficaz. Del Bosque escuchó sus quejas y se quebró la cabeza para colocar la pieza de Silva en el puzle de la campeona del Mundo. No me parece Del Bosque un entrenador inteligente precisamente, pero se dio cuenta de una cosa importante. Silva contaba con características que pocos jugadores en la selección española tienen. España cuenta con muy buenos pasadores en el centro del campo, pero estaba exenta de un mediapunta tipo Valerón que marcase la diferencia en tres cuartos de campo. Silva es eso.


El siguiente problema, una vez asumido ese factor, es donde colocar a ese mediapunta capaz de desatascar partidos ofreciendo un cambio de ritmo, de intensidad y de ideas en las posiciones más cercanas al área. Para ello, Del Bosque pensó en la posición de Messi en el Barcelona. Ante la crisis inmensa que sufre Torres, el salmantino decidió renunciar a un nueve para colocar a Silva como delantero centro posicional, dando mucha más movilidad a la delantera mediante un intercambio constante de posiciones, y consiguiendo romper con la horizontalidad en la que a veces se instala en la selección.

Y es que Silva no sólo es un jugador excelente, sino que además es distinto y completamente compatible con lo que ya hay en el equipo. Sin duda, apuesto por Silva como titular en el once. El mejor jugador español del momento no puede quedarse fuera. Sería un disparate.

jueves, 14 de julio de 2011

'Medianoche en París' y la selección española

La selección española lleva un año luciendo con orgullo una estrella amarilla en el pecho. Esa estrella simboliza mucho tiempo de sufrimiento, decepciones, fracasos y desilusiones. Pero también representa la alegría y la euforia de sabernos el mejor combinado nacional del planeta.

El aniversario de la consecución del Mundial de Sudáfrica coincidió en el tiempo, día arriba, día abajo, con el estreno en los cines de Medianoche en Paris, la nueva película de Woody Allen. Esta cinta del genial director norteamericano habla de cómo cualquier época pasada siempre fue mejor a ojos del que vive en un presente determinado. El protagonista de esta película añoraba los años 20 parisinos, y al mismo tiempo la gente de esa época rememoraba la Belle 
Époque, etapa en la que a su vez se echaba de menos el Renacimiento, creando así una cadena de nostalgias aparentemente interminable.


Salí del cine pensando en el film que acababa de ver. ¿Es posible que nunca valoremos lo que tenemos y que siempre echemos en falta lo que perdimos? Se suele decir que la felicidad es un sentimiento pasado y que nadie sabe que su espíritu está radiante hasta que deja de estarlo. Parece que nunca nos conformamos con lo que tenemos en un momento determinado. Así, cuando tenemos la nevera vacía nos apetece comer de todo, mientras que si acabamos de llenarla el hambre parece diluirse. Del mismo modo, si tenemos un examen mañana y debemos estudiar toda la noche, el sueño nos acosará. No obstante, si acabamos de zanjar la época de exámenes y tenemos toda la noche para dormir, puede que nos cueste más de la cuenta caer en los brazos de Morfeo. ¿A quién no le ha pasado algo así?


Pero, ¿qué carajo tiene que ver Medianoche en París con el aniversario de la consecución del Mundial? Veréis, el sentimiento es parecido. No puedo negar que con el gol de Iniesta, y también con el de Torres en la Eurocopa de dos años antes, vibré como un niño que se dirige en el C2 hacia Isla Mágica de la mano de sus padres. Sin embargo, comparo esa sensación con la impaciencia y el nerviosismo que me asolaba hace 7, 9 y 13 años, desde que comencé a tomar consciencia de lo que era el combinado nacional para mí, y no veo comparación. Disfruté más ganando a Italia en los cuartos de final de la pasada Eurocopa que en la final contra Alemania, mientras que en el Mundial no puedo decir que mis nervios llegasen a agarrotarme como consiguió hacerlo Yugoslavia en aquella Eurocopa de 2002 en la que nos jugábamos el pase a cuartos en el último partido del grupo, y en el que los malditos nos obligaron a marcar tres goles en pocos minutos.

Del mismo modo, el Mundial de 2014 o la Eurocopa del año que viene no serán ya para mí un reto. Por supuesto que seguiré a España de manera incondicional, sin embargo algo habrá cambiado. Lucharemos por conseguir algo que ya he sentido como mío. En cambio, cuando Morientes marcó de cabeza un gol que nos metía en semifinales de un Mundial y que un egipcio de cuyo nombre no me quiero acordar anuló, mi emoción era mucho mayor. Nos enfrentábamos a algo que nunca habíamos conocido, o al menos la gente de mi generación. ¿Que era frustrante? ¡Por supuesto! Pero cada dos años mi ilusión con España era inigualable. En el próximo mundial no será lo mismo, muy a mi pesar. Supongo que si le das caviar a un pobre todos los días, éste terminará despreciándolo. Puede que con esto pase algo parecido. 


Igualmente, un aficionado del Barcelona probablemente celebre la Liga 2011-2012 con menos efusividad que un madridista. Y también estoy seguro de que un sevillista superará en alegría los dos casos anteriores si se diese el hipotético y remoto caso de que se alzase con el título de campeón del torneo doméstico. Se trata de a lo que estamos acostumbrados. O al menos eso pienso. 

Y es que el ser humano no sabe valorar lo que tiene. Cuando pasemos décadas sin ganar nada probablemente me arrepienta de estas palabras. Pero hablo de emociones. Y a veces estremecerse sintiendo algo liviano es lo que nos llena el alma. Lo verdaderamente importante es seguir valorando esas cosas que nos hacen sentir. Y eso sólo he conseguido hacerlo en un ámbito de mi vida. Pero eso ya no es fútbol. En el fútbol no es tan fácil encontrar la felicidad con algo tan simple como con una persona a la que le gusta pasear bajo la lluvia.