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jueves, 2 de abril de 2015

11 conos

11 conos quizá no sea el titular más adecuado para este artículo, porque ni Álvaro Arbeloa es un cono ni yo quisiera a 11 Arbeloas en mi equipo. Pero 11 conos es la única forma que se me ocurre de expresar lo que transmite el salmantino, en contraste con jugadores con seguramente más calidad, pero también con menos franqueza, valor y, en definitiva, cojones.

Porque hay que tenerlos muy grandes para enfrentarse al capitán del Real Madrid, a uno de los colectivos periodísticos más influyentes de Europa y a su correspondiente atajo de crédulos lectores/oyentes/internaturas/televidentes, y salir vivo. Tocado, pero vivo. Y es que para hablar de este tema es difícil esquivar conceptos como mourinhismo o casillismo. Ya me gustaría. Esas trincheras me recuerdan al típico rojo y facha que lanzamos cuando hablamos de política. Pero es inevitable que cuando Arbeloa habla con la sinceridad con la que lo hizo ayer en El Chiringuito, se contraponga su imagen a la de Casillas, y que desde ese mal llamado frente, por alusiones, se ataque a Arbeloa.



No nos vamos a engañar. Arbeloa es un jugador sin nivel para jugar a día de hoy en el Real Madrid. Lleva años por debajo del mínimo exigible y yo ya lo auguraba en 2012 cuando tras pasar a jugar Sergio Ramos de central y tener el puesto de lateral derecho para él sólo, mostraba serias lagunas defensivas y ofensivas. De hecho, su mejor año fue cuando competía con Ramos en esa posición y se mostraba más serio, centrado, sobrio y seguro que el sevillano.

¿Qué ha hecho entonces Arbeloa para aguantar tanto tiempo en el Real Madrid? Pues lo contrario de lo que se suele hacer en estos casos. Alejarse de la prensa, criticarla duramente en más de una ocasión, y ofrecer a cada entrenador y a cada aficionado que pudiese apreciarlo honestidad, esfuerzo y pasión. Estos valores han pesado tanto que ni la campaña perfectamente orquestada desde Mediaset o Prisa ha conseguido acabar con él. Ha sabido convertirse en un activo para el equipo sabiéndose suplente, y ha aportado palabras de ánimo, arengas, optimismo y carácter ejerciendo con la autoridad del capitán que a día de hoy Íker Casillas no tiene y con la que Ramos coquetea de vez en cuando.




Arbeloa es el Marco Materazzi del Real Madrid, asumiendo la suplencia durante mucho tiempo como uno más, apartándose con elegancia y sin armar jaleo. Jose Mourinho, del que habla maravillas, lo relegó al banquillo en la recta final de su último año en el Real Madrid y desde el duro banco ha vivido cada partido vibrando, saltando, en pie. Nunca cabizbajo ni serio. Evitando ir a llorar al periodista de turno para que le defienda con un artículo o una pieza. Se ha ganado al madridismo desde esa actitud y son muchos los defensores de Casillas que lo valoran y aprecian.

No quiero 11 conos en mi equipo, pero Dios mío, qué necesarios son. Casi todos coincidimos en que el tiempo de Arbeloa en la plantilla del Real Madrid se ha acabado, mucho más con el fichaje de Danilo. Pero desde la venta de Fernando Redondo, jamás cometería Florentino Pérez un error tan grande que alejando a Arbeloa del club. El presidente merengue ha defendido siempre que en los cargos directivos el madridismo debe imperar. Y fuera del equipo, pero cerca del césped, debe continuar Arbeloa. Criticando lo que se hace mal, gritando para que se haga bien y recompensando con un abrazo sincero cuando se cumplan objetivos. Quizá 11 conos no. Pero este, que dure toda la vida.

viernes, 5 de julio de 2013

Ruddy, Cech, Mourinho y la normalidad

Jose Mourinho tenía razones de sobra para marcharse a un sitio en el que le dejasen trabajar, ya no sólo la directiva, sino también los medios de comunicación y la afición. Es imposible tomar decisiones técnicas arriesgadas si las críticas no permiten siquiera poner en marcha una idea. Por eso Mourinho se fue de España.

Una de las primeras cosas que ha hecho el técnico portugués al llegar a Londres ha sido pedir un portero. “Pero el Chelsea ya cuenta con Cech”, comentaréis. Sí, por supuesto, pero es que Mourinho odia que sus futbolistas se acomoden y a pesar de que el checo es un profesional como la copa de un pino, el nuevo entrenador blue ve necesario fichar a un guardameta que compita con él y le obligue a dar el máximo. Eso mismo fue lo que intentó en su primer año en el Real Madrid y no lo consiguió hasta el invierno de su tercera y última temporada como técnico blanco. Por si fuese poco, cuando fichó a Diego López. las críticas le llovieron a raudales y pocos intentaron comprender lo que el portugués estaba llevando a cabo.



De hecho, Mourinho se vio obligado a dar toques de atención a Casillas de otro modo, ya que Florentino Pérez hacía caso omiso a su demanda de otro portero. El portugués picaba a Casillas en rueda de prensa e incluso llegó a dejarle fuera del once, con la intención de que despertara y no se acomodase. Después de eso, Casillas volvió al equipo y habría seguido jugando como titular de no ser por aquella desafortunada lesión con Arbeloa. Entonces, Diego López aterrizó por fin en Madrid y sus buenas actuaciones evitaron que saliera del equipo. Sin embargo, todos los problemas Casillas-Mourinho, potenciados en gran parte por la prensa, podrían haberse evitado si Diego López hubiese llegado el primer año del portugués en Madrid. Si esto hubiese sido así, quizá Casillas no se habría dormido en los laureles y hubiese defendido su puesto en el once como un león.

En el Chelsea a Mourinho no le volverá a suceder lo mismo, y por eso se fue. Nadie ha cuestionado su decisión de incorporar otro portero e incluso Cech ha alabado al portugués en una entrevista reciente. Y no se crean que Mourinho fichará a un guardameta de medio pelo, no. Va a incorporar a John Ruddy, portero de 26 años del Norwich e internacional con Inglaterra. Y no saldrá barato. La puja se inició en 7 millones de euros y roza ya los 10 kilos. De modo que Ruddy no llegará a Londres a sentarse cómodamente en el banquillo, sino a competir duro con Cech, sabiendo que el que mejor lo haga jugará.


Y precisamente eso de “el que mejor lo haga jugará”, fue lo que no entendió el vestuario del Real Madrid, ni Madrid, ni España entera. Algo tan simple como que quién esté mejor tendrá un puesto en el once. Una premisa que obliga a todos los jugadores, a titulares porque saben que su puesto puede peligrar, y a suplentes porque saben que si luchan pueden entrar, a darlo todo.

domingo, 21 de abril de 2013

El ejemplo de Granero

He hablado en este blog en más de una ocasión sobre la cantera de Real Madrid y Barcelona. Soy de los que opina que la cuestión no es que el club catalán aproveche mejor la cantera que los blancos, sino que La Masía cuenta en estos momentos con mejores jugadores que La Fábrica y que por lo tanto es normal que más futbolistas del segundo equipo acaben teniendo opciones. 

Siempre he comparado la cantera con un cultivo. Dependiendo de multitud de factores, la cosecha será buena o mala. Por supuesto existen variables que dependen del agricultor, pero muchas otras están sujetas al azar, y cuando el producto final no ha salido bueno, por mucho que lo condimentes su sabor no mejorará.


Pues bien, el Real Madrid lleva años sin tener una cosecha aprovechable para el primer equipo, y se trata del mismo tiempo que el Barcelona lleva recolectando productos envidiables. Así, en el último lustro sólo Mata me parece un jugador que podría haber sido aprovechado en el Santiago Bernabéu, mientras que en el Barcelona jugadores como Busquets o Pedro llegaron, vieron y vencieron. 

Es aquí cuando muchos me dirán que Soldado o Negredo serían titulares en este Real Madrid. Y es ese momento en el que me descojono. Soldado y Negredo son delanteros de nivel muy inferior al de Higuaín o Benzema, y un equipo como el merengue no puede depender de jugadores que no son top (término acuñado por Axel Torres). Imagínense al Real Madrid jugando ante el Borussia Dortmund en las semifinales de la Liga de Campeones con Negredo como titular y Soldado esperando en el banquillo. Asustar, no asustan.


Pues bien, Esteban Granero fue el Negredo y el Soldado de multitud de madridistas durante mucho tiempo. Aficionados merengues pedían su ingreso en el once titular y acusaban de antimadridistas y rompecanteras a todo aquel que se negase a aceptar que Granero tenía un sitio junto a Xabi Alonso. Por suerte, Mourinho no cayó en la trampa y dio a Granero las oportunidades que merecía, ni más ni menos. Pero al canterano le vino grande el Real Madrid y el pasado verano se marchó rumbo a Inglaterra y firmó con el Queen Park Rangers. Muchos pensarían que el Real Madrid había dejado marchar a un crack y que se arrepentiría. Pues bien, Granero es suplente absoluto en un equipo que la próxima jornada consumará su descenso. Si es incapaz de hacerse con un puesto en el once en un club en puestos de descenso en Inglaterra, ¿cómo iba a ser titular en todo un Real Madrid?

 
Creo que muchos aficionados consideran que un jugador debe tener una oportunidad en el primer equipo simplemente por el hecho de ser canterano. Pero se equivocan. Un futbolista podrá jugar en el primer equipo si posee cualidades que así lo acrediten, sea o no canterano. Muchos madridistas criticaron el fichaje de Varane y apuntaron que Mateos, del Real Madrid Castilla, merecía un puesto en el primer equipo por delante del francés. Mateos hoy sigue en el Real Madrid Castilla a la edad de 25 años y tras una temporada discreta en Zaragoza. Varane en cambio es uno de los mejores defensas de Europa. 

De modo que sí, el Barcelona tiene mejor cantera que el Real Madrid. Pero eso es así hoy. Antes no era así. Y dentro de una década puede que tampoco.

viernes, 12 de octubre de 2012

Lo que Mourinho no puede hacer

Toca fin de semana de partidos internacionales y entre el Rusia-Portugal, el partido de transistor de España o el apasionante Argentina-Venezuela apenas queda espacio para hablar de la actualidad de los clubes. Sin embargo, Mourinho ha aprovechado este parón para conceder una de las escasas entrevistas con las que nos suele sorprender una vez iniciada la temporada. En esta ocasión ha sido el diario portugués A Bola el que la ha conseguido, y en dicha entrevista encontramos jugosas declaraciones. 

Y es que Mourinho se ha atrevido a decir que Ronaldo no sólo es mejor que Messi en este planeta, sino en todo el universo. Puede que estas palabras ayuden a difuminar la tristeza de Ronaldo, pero lo realmente transcendente es la corriente de declaraciones que critican a Mourinho por ensalzar al jugador del Real Madrid por encima de Messi. Al parecer Iniesta tiene licencia para afirmar que Valdés es el número uno pero Mourinho no puede hacer uso de su libertad para decir lo que piensa.




Al igual que no tiene derecho a abroncar a sus jugadores. Casillas no está en buen estado de forma y Özil ha comenzado la temporada arrastrándose por el campo. No obstante, si el técnico luso los abronca, Sergio Ramos decide solidarizarse con el turco y los medios se encargan de lapidar a Mourinho por su falta de tacto. Sin embargo, entrenadores como Jiménez, Mendilibar o Bielsa pueden exigir más a sus futbolistas y criticar sus actuaciones sin que una corriente popular los cuestione y desacredite.

Tampoco puede Jose Mourinho, por supuesto, hablar de árbitros. Y si lo hace se le tilda de llorón y quejica. Sin embargo los clubes pequeños se pueden quejar de ser perjudicados y Tito Vilanova tiene licencia para dar la puntilla a cada árbitro español que le incomoda. Pero sólo Mourinho es acusado de buscar excusas.




En definitiva, Mourinho no tiene permiso para opinar sobre el mejor jugador del mundo, no puede arengar a sus propios futbolistas y ni mucho menos está autorizado para hablar de los árbitros.

Por supuesto, el portugués ha cometido errores enormes, tanto a nivel futbolístico como dialéctico. Sin embargo da la sensación de que cada vez que Mourinho abre la boca media Liga se refugia en las trincheras y se defiende de sus balas verbales, en muchos casos imaginarias. No permitamos que Mourinho raje de la Selección, mienta en ruedas de prensa o se muestre soberbio y altivo. No le demos un trato diferencial al portugués otorgándole beneficios y privilegios. Pero tampoco afilemos el cuchillo cada vez que sus palabras no sigan la línea de lo políticamente correcto. Porque como afirma Félix de Azúa en una entrevista a la magnífica revista Jotdown, “lo políticamente correcto es el fascismo contemporáneo”.

viernes, 20 de enero de 2012

Las razones de Mourinho

La derrota que sufrió el Real Madrid ante el Barcelona por 1-2 ha desencadenado multitud de opiniones al respecto. Son muchos los que critican el planteamiento de Mourinho, alegando que el club blanco no se puede permitir jugar a la defensiva en su propio campo. Esta argumentación, que ha corrido por todos los medios de comunicación de manera generalizada (tanto en Madrid como en Barcelona) puede contar con algo de razón, pero desde mi punto de vista, se trata de una teoría hipócrita y demagoga.

Está claro que el Real Madrid no puede jugar de ese modo ante un equipo inferior. Pero olvidamos que el Barcelona es posiblemente el mejor equipo que muchos de nosotros hemos visto en toda nuestra vida. Nos olvidamos de que Busquets, Xavi e Iniesta forman un tridente en el centro del campo difícil de igualar. Si estos tres tíos están en plena forma, considero que es IMPOSIBLE quitarle el balón al conjunto blaugrana.

Me encantaría ver en el banquillo del Real Madrid a los mismos que critican a Mourinho. Pagaría por contemplar cómo juega esa gente ante el Barcelona. ¿Saldrían con Xabi Alonso y con Sahin en el centro del campo? ¿Se sentirían orgullosos al encajar una previsible goleada? ¿Hay que recordar que el Real Madrid ya jugó al ataque contra el Barcelona y que ya perdió, también de forma estrepitosa? Oigo que es un delito cambiar la forma de jugar y parece que el Barcelona lleva jugando así toda la vida. Por suerte he visto jugar al Barcelona con Van Gaal, Serra Ferrer o Rexach de manera lamentable. ¿Critican los puristas del fútbol que defienden no cambiar nunca de estilo la forma con la que jugaba el Barcelona esos años? ¿Se podría decir que el Barcelona también ha cambiado de estilo en determinados momentos? El contexto lo es todo.


Creo que el Real Madrid sólo debe preocuparse a día de hoy de ganar al Barcelona, no de la imagen que dé. Nos encontramos en un contexto futbolístico histórico en el que la superioridad del Barcelona con el balón ha superado todas las cotas imaginables. Su estilo de juego se encuentra además en el ADN de sus jugadores y para colmo tienen a Messi. Por eso defiendo los planteamientos de Mourinho. El Real Madrid cuenta con cinco puntos de ventaja sobre el Barcelona en Liga, jugando un muy buen fútbol, y además en Copa aún queda la vuelta. Que nadie lo olvide. Aún queda la vuelta. Y hablamos del Real Madrid. Si el Real Madrid le gana la Liga al Barcelona será un éxito increíble. Inconcebible con otros técnicos.


Para terminar, os invito a leer una parte del artículo de Antonio Agredano en Diarios de Fútbol. Pienso que acierta completamente a la hora de exponer sus argumentos a favor del sistema que Mourinho desplegó ante el Barcelona.

“La pregunta es si el Real Madrid quiere jugar así, si necesita un técnico con este perfil. Yo creo que sí, por una razón: la superioridad del Barcelona ahora es tan desquiciante que ponernos estupendos y hermosos sobre el césped sólo nos llevaría a la desesperación. Los fines imposibles conducen a la melancolía. De nada le sirve al Madrid jugar bonito frente al Granada o al Ajax si diez días después el Barcelona te va a borrar del mapa. El Madrid necesita títulos, necesita ganar, ser más regular, entregarse, sobremotivarse, para quitarse de una vez de encima la pegajosa sombra del Barcelona. Y para eso Mourinho es el técnico ideal, por más que pese a los gourmets del balón. Por más fácil que le ponga el trabajo a los periodistas, como juncos mecidos por el viento, en las derrotas”.

“Este equipo necesita la paciencia que no se le está dando. Si el aficionado quiere espectáculo, que se haga del Barça. Que queme las camisetas de Zidane y se haga fotos para el Facebook en Canaletas. Sólo el equipo de Guardiola ha logrado unir vistosidad y eficacia en los últimos años. Su juego pasará a la historia de este deporte. El madridismo necesita otra cosa, por el momento”.

viernes, 22 de abril de 2011

El mérito de Mourinho y la infraestructura de Guardiola

Si en algo no existe debate es en que el Barcelona toca la pelota mejor que el Real Madrid. A la hora de realizar paredes, de tocar y moverse, de jugar la bola a un toque y de imprimir velocidad al juego, los culés son insuperables. No he visto jamás un equipo mejor en ese aspecto. Cuando los de Guardiola gozan de espacios entre líneas es inevitable que te metan un saco de goles. Además, las pocas veces que este equipo no encuentran huecos, la enorme calidad de sus futbolistas sale a la luz para resquebrajar las defensas rivales. No existe ningún conjunto que actualmente pueda ganar, en eso, al Barcelona.


Debido a ello, creo que deberíamos meternos en la cabeza de un entrenador que se va a enfrentar a los blaugrana. Intentemos ponernos en su lugar. Tenemos dos opciones. O apostamos por el buen fútbol, jugando al primer toque, queriendo la pelota y adelantando mucho la defensa, o bien intentamos por todos los medios evitar que el Barcelona encuentre huecos, robando arriba, y buscando el contraataque.

Si hacemos lo primero pueden suceder dos cosas. Que el Barcelona nos mate debido a una pérdida de balón, ya que los culés presionan como leones cuando no tienen la pelota, o bien que directamente no nos dejen tener el balón porque sea imposible que nosotros se lo quitemos. Entonces nos pasaremos gran parte de los noventa minutos corriendo tras el balón e intentando aguantar las ofensivas del Barcelona con un equipo no diseñado para ello. Es decir, habríamos planteado el partido con la idea de tener la posesión, y sin embargo nos encontraremos con un encuentro en el que hay que robar, luchar y defender.


Mourinho sabe todo esto. El portugués es el primero que asume que este Barcelona es de otro mundo en cuanto a lo que a buen juego se refiere. Por eso no va a caer en el error de intentar buscar jugar bien ante los de Guardiola. Mourinho sabe que eso es suicidarse. Por ello apostó por una línea de presión muy adelantada, velocidad en bandas, balones directos y contundencia defensiva. Estos fueron los elementos clave en la final de la Copa del Rey.

Xavi, Busquets, Cruyff o la mismísima reina de Saba podrán decir que el Real Madrid no jugó bien. Opinión respetable. Pero me encantaría saber qué harían ellos si jugasen contra el Barcelona. “Haríamos lo mismo”, dirían. Lo dudo. Para hacerlo necesitas una historia, una cultura de club, unos conceptos que pasen de generación en generación, una cantera en racha y acierto en la planificación deportiva. Todos esos factores se han juntado y por eso el Barcelona es un espectáculo jugando. Pero todos los equipos no pueden hacer eso, y lo que es más importante, no pueden hacerlo siempre. Para jugar como el Barcelona necesitas tener Xavis e Iniestas. Si no los tienes no lo intentes, porque te van a machacar. 


Por eso es loable que Mourinho haya logrado vencer al Barcelona, puesto que ha ideado un sistema alternativo, un esquema que te puede llevar a la victoria sin la necesidad de tener a los mejores jugones del mundo en tus filas. Guardiola no ha pensado para llegar a la cima. Guardiola ha aprovechado las herramientas que se le daban y las ha combinado de forma brillante para triunfar. Mourinho en cambio ha pensado. Ha buscado agujeros en lo que parecía perfecto y se ha roto la mente para ganar al mejor equipo del mundo y de todos los tiempos con el Inter y con el Real Madrid. Para mí, eso es tener mérito. Porque si Guardiola se marchase al Manchester City fracasaría, puesto que tendría que idear él mismo las herramientas para ganar. No me queda duda, en cambio, de que si Mourinho agarrara al City lo haría campeón de Europa. Por poner un ejemplo.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Odiar y amar

A las aficiones de Real Madrid y Barcelona les espera un mes de abril apasionante. Liga, Copa y posiblemente Champions League son los torneos que se van a disputar ambos equipos en un margen de apenas treinta días. A mediados de mayo uno de los dos se encontrará en las cloacas del fútbol, mientras que el otro tocará la gloria a costa del máximo rival. O puede que haya empate técnico y que se terminen jugando el honor a cara o cruz en los últimos partidos de la competición doméstica. Pero para eso el Real Madrid debe al menos ganar al Barcelona en el partido de Liga, para más tarde eliminarlo en Copa o Champions. En cualquier caso, unos y otros se la juegan.



Sin duda, durante este tiempo saldrán a la luz todos los odios que el 5-0 del Camp Nou hizo brotar. Los merengues afrontan la tanda de partidos contra los culés con ganas de revancha. Son conscientes de que si ganan ese partido acorralarían a los de Guardiola en Liga e irían con la moral por las nubes a por la Copa. Perder no forma parte del abanico de posibilidades, y si hay alguien capaz de vencer a este Barcelona es Mourinho. Los aficionados madridistas saben que al portugués se le puede permitir casi todo, porque cuando llegue la hora de dar la cara es capaz de hacer magia para llevar a los blancos al éxtasis. La manita debe ser borrada y hay errores que no se pueden volver a repetir.

Por su parte, el Barcelona afronta con menos tensión este transcendental mes de abril. Los culés saben que tienen margen de error y sus piernas, si han de temblar, lo harán mucho menos que las del rival, puesto que su nivel de confianza apenas se verá afectado si pierden el 16 de abril en el Bernabéu. Continuarán líderes en Liga y llegarán con convicción a la final de Copa. Aun así, la precaución es la nota dominante en Guardiola, un tipo que dijo que el Shakhtar lideraría la Champions si se disputase en formato liguilla. También afirmó que el Copenhague quedaría entre los cuatro primeros en la Liga española, por lo que sus jugadores estarán precavidos ante el peligro que representa el Real Madrid, un club que si algo ha demostrado en los últimos años es que nunca se rinde.




Pero los Real Madrid-Barcelona traspasan los límites meramente deportivos. Las aficiones de ambos equipos se odian más allá de los terrenos de juego. Si unos se acuestan felices, los otros no pueden hacerlo. Si el Barcelona va mal, pero el Real Madrid va peor, es bueno para la afición culé. Y viceversa. Uno es grande cuando el otro no lo es, y este Barcelona no sería el mejor de todos los tiempos si no estuviese derrotando a uno de los mejores Real Madrid que recuerdo. Al mismo tiempo, si los blancos consiguiesen vencer a este Barcelona, la machada sería histórica.

Se odian. Las declaraciones de Mourinho, el sibilino apoyo de Florentino Pérez al portugués, las patadas de Pepe, las niñatadas de Marcelo, las piscinitas de Di María y sobre todo, Cristiano Ronaldo. Son los elementos que odian en Barcelona, y que contrastan con las inagotables ganas de pelea de Dani Alves, las tonterías de Piqué, las protestas de Xavi o la insufrible falsa humildad de Guardiola. Pregunten en Madrid por esas cosas. Todo ello, azuzado con un poco de acusaciones por dopaje, excusas de Mourinho y bravuconadas de los asalariados culés Stoichkov y Cruyff dan lugar a una mezcla explosiva.





Pero Barcelona y Real Madrid también se aman. O más bien se necesitan. El uno precisa del otro para ser más grande, para buscar la manera de crecer continuamente, para no caer en el conformismo, para no relajarse. Si desapareciera uno de los dos, el otro ya no sería lo que es. Al fin y al cabo Real Madrid y Barcelona se comportan como un todo, son un conjunto de elementos en una balanza, distribuidos de forma diferente según las etapas que les tocan pasar. Su relación es idéntica a la de dos amantes que no se soportan pero que siguen juntos porque saben que no serían nada separados. Y a pesar de sus palpables diferencias, en el fondo son iguales. Buscan lo mismo, y eso se ve, por ejemplo, en el reparto de los derechos televisivos. Siguen caminos diferentes pero van al mismo sitio. En definitiva, reflejan a la perfección aquella magnifica canción de Sabina llamada Y sin embargo, que decía lo siguiente: Cuando duermo sin ti contigo sueño / y con todas si duermes a mi lado / y si te vas me voy por los tejados / como un gato sin dueño…

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Matices de un partido sin historia

Lo que se presumía como una épica batalla en el Camp Nou se quedó en nada muy pronto. Demasiado pronto. En veinte minutos el Barcelona barrió literalmente al Real Madrid del campo y desde entonces los de Guardiola se dedicaron a jugar al gato y al ratón con su máximo rival, endosándole cinco goles que escocerán durante mucho tiempo a la parroquia madridista.

Todos esperábamos que Mourinho saliese a morder desde el principio, pero la primera línea de presión madridista trabajó muy atrás y el Barça apenas encontró oposición para sacar el balón jugado desde la defensa, por lo que los culés manejaron el esférico a su antojo. Por si fuese poco, el Madrid no consiguió enlazar tres pases seguidos y solo algún pelotazo de Casillas a los costados provocaba cierto peligro gracias a las cabalgadas de Ronaldo o Di María, 
solos contra el mundo. Pero eso se acabó pronto y a los diez minutos de la segunda parte los merengues comenzaban a ser humillados.




Por supuesto, no voy a crucificar a un equipo que hasta ahora había convencido a todos. Seria un inepto si lo hiciese. Pero sí diré que Özil probablemente fracase en el Madrid, que Lass Diarra y Marcelo no tienen la estabilidad mental suficiente para jugar en este equipo (Ramos tampoco anda a la zaga) y que se necesita un delantero más como el comer. Aun así, el madridismo puede estar contento con este equipo porque por suerte, lo de ayer, no es lo de este año.

Pero no se puede hablar de este partido sin hablar de un equipo que ya demostró el año pasado que no sabía perder (encendiendo los aspersores, no lo olvidemos, mientras el Inter celebraba el pase a la final de la Liga de Campeones), y que este lunes dejó claro que tampoco sabe ganar. Gestos como el de Guardiola (no es el primer mal gesto de este mentiroso con careta), negándole el balón a Ronaldo y fingiendo una agresión en la cara, o el de Piqué, burlándose de un compañero de selección como Sergio Ramos, hablan muy poco del talante de un equipo que empaña sus méritos con niñatadas. Pero esto es lo de siempre. Si lo hace Ronaldo lo matamos, pero si lo hace Piqué nos reímos. No me quiero ni imaginar lo que habría pasado si Cristiano hubiese mostrado sus cinco dedos de haber ganado por el mismo margen, o si hubiese escupido a Pedro Cortés, o si tirase pipas desde la grada a un compañero…  

Otro de los elementos sorprendentes que nos ha deparado este derbi es observar como los sevillistas han celebrado de forma desmedida la victoria del Barcelona. Hablo de gente como mi gran amigo J.J. Sarabia, aficionado del club del Sánchez-Pizjuán que, apenado por los problemas del Sevilla, no encuentra otro consuelo que animar al club blaugrana. Adam Smith decía acertadamente lo siguiente: “si alguien te halaga por algo que no mereces, no te está halagando a ti, sino a otro. Y eso te martiriza, porque te hace ver lo que deberías ser y no eres”. Supongo que los sevillistas siempre se quedarán deseando ser lo que nunca serán. Es triste, sin duda, contemplar como los aficionados de este equipo emplean todas sus fuerzas en jalear a los culés en vez de dedicarse a llenar de una vez su estadio, que en los dos últimos partidos ha mostrado una afluencia de público deplorable. Pero poco más se le puede pedir al señor Sarabia, por ejemplo, un individuo que cambió su abono de sevillista por hacerse con una guitarra eléctrica que ni siquiera toca. ¿Eso es querer a tu equipo?



En fin, lo que es seguro es que el pasado lunes miles y miles de madridistas acabaron ridiculizados, encerrados en sus respectivos cuartos, cenando cualquier cosa y renegando del barcelonismo. Pero probablemente se fueron a dormir jurando venganza, viendo, con los ojos cerrados, como en un futuro no muy lejano, es el Barcelona el equipo que se arrodilla escupiendo sangre y pidiendo piedad. Como dijo mi madre un día, “te comiste el melón, pero ya cagarás las pepitas…”


martes, 26 de octubre de 2010

La máquina de ganar

En una ocasión leí que el entrenador del Real Madrid está expuesto a más presión que el mismísimo presidente del Gobierno. Y es que los técnicos que han pasado por el Bernabéu en los últimos años pocas veces se han marchado del club blanco con halagos por parte de la afición o la prensa. Desde que Florentino Pérez decidió prescindir de Vicente del Bosque después de casi cuatro años en el cargo, los entrenadores han entrado y salido de Concha Espina de forma continua y ninguno de ellos se marchó entre alabanzas hacia su trabajo ni aún consiguiendo títulos, como hicieron, por ejemplo, Capello o Schuster.
Luxemburgo, Queiroz o Pelegrini son ejemplos del perfil de entrenador que siempre buscó Valdano. El fútbol que a priori proponían era alegre y vistoso, anteponiendo siempre el ataque a la defensa. Sin embargo, sin saber muy bien por qué, el juego del equipo terminaba siendo plano, predecible y excesivamente dependiente de la pegada de los jugadores de arriba. Y al final llegaba la decepción y la consiguiente destitución del técnico sin apenas tiempo para que este tuviese opción de defender sus planteamientos.

Pero este verano, debido a la sequía de títulos madridista de la temporada pasada, Florentino Pérez decidió hacer oídos sordos a los consejos de Valdano y contratar a un técnico con el que las cosas podían ser diferentes, al menos en cuanto a lo que resultados se refiere. Jose Mourinho aterrizó en Barajas y con él trajo una nueva filosofía nunca vista en la capital. Se trata de un técnico que basa su juego en una buena defensa (lo que no quiere decir en absoluto que sea un técnico defensivo), que sigue confiando en la efectividad de sus delanteros para ganar muchos de sus partidos pero que ha conseguido crear un equipo que ha encajado únicamente cuatro goles en once partidos. Esa es la principal novedad de este Real Madrid, y es que por mucho que echemos la vista atrás, es casi imposible recordar una defensa tan eficiente y efectiva como la actual, y más si tenemos en cuenta que ni Albiol ni Garay han debutado todavía, lo que nos lleva a pensar que el sistema defensivo de este equipo no se basa únicamente en los cuatro hombres de la línea de atrás.


Otra de las novedades que ha introducido el portugués ha sido la concentración de la atención de todos los medios en su persona. En la última década han sido las estrellas que trotaban por el césped las que acaparaban todas las miradas. Cualquiera de sus movimientos era tan alabado como criticado por un sector la prensa, lo que aumentaba la presión que dichos jugadores sentían cada vez que se enfundaban la zamarra blanca. Mourinho ha cambiado eso. Ahora los rivales, la prensa y los aficionados hablan de él antes y después del partido, olvidándose en gran parte de los jugadores. El año pasado parecía que Cristiano Ronaldo era la diana sobre la que lanzar dardos cuando las cosas iban mal, y la cabeza en la que poner la corona cuando el mar estaba en calma. A eso estábamos acostumbrados en España, sobre todo en el caso del Real Madrid, y este ha sido el segundo gran éxito de “Mou”.
Todo ello, unido a la consecución de una plantilla bien diseñada, prescindiendo de cualquier elemento que pudiese desestabilizar al club y fichando las piezas necesarias, sin grandes alardes pero sin escatimar en gastos, ha provocado que este Real Madrid sea líder de la Liga y que haya logrado pleno de victorias en la Champions League.  Y aunque al principio existían dudas, sobre todo respecto al juego madridista, después de las abultadas victorias sobre el Deportivo de la Coruña, el Milan y el Racing de Santander, son pocos los que niegan que este equipo juegue actualmente mejor que el Barcelona de Guardiola.


Aún es pronto para dar por definitiva cualquier cosa, sin embargo parece claro que la máquina de ganar que ha creado Mourinho puede no solo acabar con el protagonismo absoluto del Barcelona en el panorama futbolístico español, sino también con la inestabilidad que sufre el banquillo merengue desde que Del Bosque hizo las maletas. Todo apunta a que Mourinho puede perpetuarse en el cargo al más puro estilo Miguel Muñoz, y que únicamente saldrá del Real Madrid, posiblemente por la puerta grande, cuando él mismo así lo quiera.