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sábado, 28 de febrero de 2015

Yo quiero llamarme Bas Dost

Tener un nombre rimbombante es de vital importancia si quieres llegar a ser alguien. Shakespeare, Maradona, Valle-Inclán o Napoleón Bonaparte quizá no hubiesen llegado tan lejos de haberse llamado Wright, Rodríguez, González o François. Y es que existe algo místico que parece unir un alias poco común con el éxito. Obviamente llegarán varios aguafiestas clamando que Lorca, Ronaldo, Raúl o Felipe González mandan a la basura mi teoría, pero estoy seguro de que ellos habrían preferido llamarse Hemingway, Maquiavelo o Houellebecq a ser Pepito Pérez, Antonio Bermúdez o el relativamente soso Javier Rubio que soy. Fíjense hasta qué punto llega el tema que mi amigo Juan José López Sarabia renunció a su primer apellido, para disgusto de su padre, con la finalidad de ser más recordado entre sus lectores. No es tan raro, Zapatero o Rubalcaba también lo hicieron para no pasar a ser a duras penas conocidos como Rodríguez y Pérez, respectivamente.

Bas Dost no necesita hacerlo. Su nombre es pura melodía para el oído. Suena tan bien que parece una marca de refrescos o de galletas. Al igual que con Rubens Barrichello o Max Power, Bas y Dost son dos palabras que inexplicablemente me gusta decir. El de Ciro Immobile es incluso mejor ejemplo, pues más de una vez me he pillado a mí mismo en el baño repitiendo su nombre con acento italiano una y otra vez. Patético.



El caso es que no me fijé por primera vez en Bas Dost por su 1,92 de altura, ni por su extraña elasticidad. Tampoco por sus goles, cifra en la que nunca destacó a pesar de ser delantero centro, salvo en su segunda temporada en el Herenveen, su mejor año como futbolista (32 goles y máximo goleador de la Eredivise). Lo primero que me llamó la atención cuando lo vi competir en las categorías inferiores de la selección holandesa fue su rítmico nombre. No logré quitármelo de la cabeza y cuando el Wolfsburgo se hizo con él por ocho millones de euros no me costó seguirle la pista.

Los ocho goles que marcó en su primera temporada en Alemania me hicieron ser prudentemente optimista con él. Se estaba adaptando a una liga mayor y había que ser paciente. Pero las lesiones, que estuvieron a punto de retirarle, y su irregularidad me hicieron olvidarle hasta que hace unas semanas irrumpió en el panorama futbolístico con la fuerza de su nombre. Ganó el Wolfsburgo 4-5 al Leverkusen y cuatro de esos tantos fueron obra de Bas Dost. No contento con ello, cinco días después bigoleó al Sporting de Lisboa en la Europa League dando prácticamente el pase a su equipo para octavos (donde se enfrentará al Inter). Y para terminar sus ocho días fantásticos, el holandés volvió a conseguir un doblete para que el Wolfsburgo se impusiese al Hertha en la Bundesliga y pueda seguir aún, desde lejos, la estela del Bayern.


Ocho goles en tres partidos. Números de aspirante a Balón de Oro. O como poco de Bota de Oro. El nueve que le faltaba al Wolfsburgo estaba en casa y junto a De Bruyne, Schürrle, Luiz Gustavo, Perisic o Ricardo Rodríguez pueden llevar a los lobos a ganar la Europa League y a conformar al fin una alternativa seria al reinado de Guardiola en la Bundesliga. Desde luego, si Dost mantiene esta racha, todo es posible. ¿Su próxima cita con el gol? Mañana a las 17:30 en Bremen.

lunes, 18 de febrero de 2013

Las verdades de Jürgen Klopp

Sobre Vicente del Bosque
“Es un gran entrenador, pero también hay que recordar que tiene un equipo extraordinario. Sería interesante ver qué haría en el Osasuna. Soy el entrenador del año en Alemania, pero lo de Christian Streich en el Friburgo es increíble. Como yo antes en el Mainz. Hicimos algo realmente bueno pero no le interesaba a nadie. El mejor no siempre es el que tiene el mejor equipo. Cualquiera podría entrenar a mi equipo. Quizás no se convirtiesen todos los jugadores en cracks, pero lo que es entrenarlo, eso puede hacerlo cualquiera, son grandes jugadores. Si tienes un equipo con poco talento y, sin embargo, tienes éxito, la cosa se pone emocionante”.
Sobre Pep Guardiola
“Los jugadores del Barcelona son los mejores del mundo. Y eso lo ha impulsado Guardiola, está claro. Ha sido un trabajo excelente. Pero no siempre tendrá jugadores como esos en todos los clubes, y él lo sabe. Ahora tiene que enseñarnos cómo se hace cuando los jugadores son algo menos buenos”.

Sobre lo que no han hecho Del Bosque y Guardiola:
“No me interesaría tener a Xavi, Messi y Cristiano en el mismo equipo... Ser mejor de todas todas es como si me pongo a jugar al tenis contra una niña de tres años y estoy al otro lado y remato con fuerza y la niña está ahí de pie con la raqueta... no es divertido. Pero si al otro lado hay un hombre y jugamos al ping-pong, si gano está bien y si no gano probablemente me haya divertido. Para los aficionados es como una droga. Yo no solo quiero ganar, ¡también quiero sentir!”.
Sobre la infraestructura con la que Klopp ha triunfado y con la que aún no se han atrevido Del Bosque y Guardiola:
“Nuestro presupuesto es de unos 60 o 65 millones… Incluso el Tottenham paga mucho más. Pero somos uno de los seis equipos de Europa que podemos ganar títulos. En España, el Barça y el Madrid. En Inglaterra, el United, el Chelsea y el City. En Italia, solo la Juve. Nuestros jóvenes saben que en otro lugar podrían ganar más dinero. Pero aquí pueden hacer historia. Si llegas ahora al Barça serás campeón, campeón y campeón, pero ya lo eran los 10 años anteriores”.

Fragmentos de una entrevista de Diego Torres a Jürgen Klopp, entrenador del Borussia de Dortmund, en El País, en la que deja claro que un buen entrenador no es aquel que triunfa con una infraestructura determinada, sino el que alcanza el éxito variando de contexto. Mourinho lo hizo. Klopp lo está haciendo. Del Bosque pudo hacerlo y fracasó. Guardiola aún no se ha atrevido a hacerlo.

lunes, 21 de enero de 2013

¿Por qué se va Guardiola a Alemania?

Aquel que no se haya sorprendido tras el fichaje de Guardiola por el Bayern de Munich, o miente, o no tiene ni idea de qué va todo esto. Descartada la opción de la Liga española, el destino del técnico catalán parecía estar en Inglaterra. Algunos, los menos, barajaban incluso la posibilidad de que se marchase a un grande de Italia. Tanto la Premier como el Calcio no superan con creces a la Bundesliga en cuanto a nivel de fútbol se refiere, pero ambas poseen un factor diferencial respecto a Alemania. No cuentan con un equipo que pueda encadenar éxito tras éxito durante años. 

En Inglaterra (y Gales) el Manchester United lidera con autoridad la tabla este año, pero la sensación es que  puede verse superado por equipos como Manchester City o Chelsea en cualquier momento. En Italia la época dorada que vive la Juventus puede ser cortada por el Inter o Nápoles o por equipos que en un futuro cercano volverán a estar arriba, como la Roma o el Milan. En Alemania, en cambio, al Bayern de Munich solo le tose el Borussia de Dortmund. Es cierto que los de Jürgen Klopp se han hecho con dos campeonatos consecutivos, pero es preciso recordar que durante esas dos temporadas el Bayern centró todos sus esfuerzos de manera descarada en la Liga de Campeones, descuidando una competición doméstica en la que, a base de victorias, se aburrió.



Eso ha cambiado. Sólo es necesario contemplar la clasificación de la Bundesliga a día de hoy para darse cuenta de que el Bayern ha decidido dejar de priorizar la Liga de Campeones y repartir sus esfuerzos tanto en la competición doméstica como en Europa. El Borussia Dortmund, en cambio, a más de diez puntos de los de Jupp Heynckes, ha sido incapaz de hacerlo. Buena actuación europea, pésima puntuación en Alemania. Fácil resumen de la temporada de los de Klopp hasta ahora.

Las alternativas a Bayern y Dortmund son a día de hoy el Bayer Leverkusen, al que le falta nivel para competir por estar arriba y que a pesar de ello se ha agarrado a la segunda plaza con fiereza, y el Eintracht de Franckfurt, que acaba de ascender. No hay más. El resto de equipos vive en una montaña rusa en la que jamás lograrán alejarse de la mediocridad. El Wolfsburgo es un ejemplo. Se hizo con la Bundesliga hace cuatro años y desde entonces lucha por no descender.

Muchos expertos en fútbol internacional se tirarán de los pelos al leer este post (si alguno lo llega a leer). Llevamos años escuchando que la Bundesliga mejora a pasos agigantados y que el nivel de sus equipos es muy alto. De acuerdo. Pero nadie puede negar que la autoridad del Bayern de Munich en Alemania sólo puede ser discutida a día de hoy por el Dortmund. Puedo asegurar que dentro de cinco años el Bayern seguirá arriba, mientras que el Dortmund dependerá de mil factores. Puede que incluso en 2020 los de Westfalia luchen por no descender. Y esa es la clave.


Es fácil imaginar que un Bayern inteligentemente dirigido pueda marcar una época en la competición doméstica y luchar asimismo por ganar la Liga de Campeones año tras año sin obsesionarse con ella. Yo lo sé y Guardiola también lo sabe. Es por ello que ha escogido dirigir al Bayern. Después de sus enormes éxitos en Barcelona, la posibilidad de fracasar en un equipo con competencia en Inglaterra o Italia no era admisible. En Alemania, con la Bundesliga año tras año semisegura y con serias posibilidades de luchar por la Liga de Campeones, Guardiola arriesga poco y, con inteligencia, buena gestión y algo de suerte, no tendrá problemas para mantener su estatus como entrenador durante los tres años que, no me cabe duda, que se mantendrá en el Bayern. ¿Qué pasará si no se hace con la Liga de Campeones? Podrá cobijarse bajo el techo de sus éxitos a nivel doméstico y quedará para la historia como el hombre que triunfó en Barcelona y Bayern, dos grandes de Europa. Además, por supuesto que tendrá posibilidades de hacerse con la orejuda, puesto que como han demostrado Oporto, Liverpool o Chelsea, en la Liga de Campeones no siempre gana el mejor.

De modo que la elección de Guardiola ha sido inteligente, pero también poco valiente. Guardiola se refugiará durante tres años en una trinchera desde la que intentará asaltar la épica a modo de Liga de Campeones, pero de la que no le importará salir mientras gane la Bundesliga. Además, en Alemania cuenta con un buen mercado de jugadores jóvenes de los que él como nadie sabrá sacar jugo. Al Bayern no les costará cambiar su 4-2-3-1 por un 4-3-3 en el que el juego asociativo aumente y, por si fuese poco, no encontrará el ambiente enrarecido de España en la Bundesliga. Todo parece favorable. Todo salvo que no competirá de tú a tú con los mejores.


Lo que parece claro es que el siguiente paso de Guardiola tendrá que ser algo más atrevido. Inglaterra e Italia le esperan, y en esos campos de batalla el de Santpedor sabe que puede caer derrotado. Sin una infraestructura adecuada, con la competencia debida y siendo un pésimo fichador, sus posibilidades fuera de las trincheras de Bayern o Barcelona se reducen considerablemente. Aunque quién sabe, quizá decida fichar por el PSG, hacerse fuerte en Francia e intentar asaltar una Europa. Así seguirá sin dañar su estatus. Pero todo el mundo sabe que para pescar las mayores presas, es necesario mojarse el culo.

viernes, 22 de abril de 2011

El mérito de Mourinho y la infraestructura de Guardiola

Si en algo no existe debate es en que el Barcelona toca la pelota mejor que el Real Madrid. A la hora de realizar paredes, de tocar y moverse, de jugar la bola a un toque y de imprimir velocidad al juego, los culés son insuperables. No he visto jamás un equipo mejor en ese aspecto. Cuando los de Guardiola gozan de espacios entre líneas es inevitable que te metan un saco de goles. Además, las pocas veces que este equipo no encuentran huecos, la enorme calidad de sus futbolistas sale a la luz para resquebrajar las defensas rivales. No existe ningún conjunto que actualmente pueda ganar, en eso, al Barcelona.


Debido a ello, creo que deberíamos meternos en la cabeza de un entrenador que se va a enfrentar a los blaugrana. Intentemos ponernos en su lugar. Tenemos dos opciones. O apostamos por el buen fútbol, jugando al primer toque, queriendo la pelota y adelantando mucho la defensa, o bien intentamos por todos los medios evitar que el Barcelona encuentre huecos, robando arriba, y buscando el contraataque.

Si hacemos lo primero pueden suceder dos cosas. Que el Barcelona nos mate debido a una pérdida de balón, ya que los culés presionan como leones cuando no tienen la pelota, o bien que directamente no nos dejen tener el balón porque sea imposible que nosotros se lo quitemos. Entonces nos pasaremos gran parte de los noventa minutos corriendo tras el balón e intentando aguantar las ofensivas del Barcelona con un equipo no diseñado para ello. Es decir, habríamos planteado el partido con la idea de tener la posesión, y sin embargo nos encontraremos con un encuentro en el que hay que robar, luchar y defender.


Mourinho sabe todo esto. El portugués es el primero que asume que este Barcelona es de otro mundo en cuanto a lo que a buen juego se refiere. Por eso no va a caer en el error de intentar buscar jugar bien ante los de Guardiola. Mourinho sabe que eso es suicidarse. Por ello apostó por una línea de presión muy adelantada, velocidad en bandas, balones directos y contundencia defensiva. Estos fueron los elementos clave en la final de la Copa del Rey.

Xavi, Busquets, Cruyff o la mismísima reina de Saba podrán decir que el Real Madrid no jugó bien. Opinión respetable. Pero me encantaría saber qué harían ellos si jugasen contra el Barcelona. “Haríamos lo mismo”, dirían. Lo dudo. Para hacerlo necesitas una historia, una cultura de club, unos conceptos que pasen de generación en generación, una cantera en racha y acierto en la planificación deportiva. Todos esos factores se han juntado y por eso el Barcelona es un espectáculo jugando. Pero todos los equipos no pueden hacer eso, y lo que es más importante, no pueden hacerlo siempre. Para jugar como el Barcelona necesitas tener Xavis e Iniestas. Si no los tienes no lo intentes, porque te van a machacar. 


Por eso es loable que Mourinho haya logrado vencer al Barcelona, puesto que ha ideado un sistema alternativo, un esquema que te puede llevar a la victoria sin la necesidad de tener a los mejores jugones del mundo en tus filas. Guardiola no ha pensado para llegar a la cima. Guardiola ha aprovechado las herramientas que se le daban y las ha combinado de forma brillante para triunfar. Mourinho en cambio ha pensado. Ha buscado agujeros en lo que parecía perfecto y se ha roto la mente para ganar al mejor equipo del mundo y de todos los tiempos con el Inter y con el Real Madrid. Para mí, eso es tener mérito. Porque si Guardiola se marchase al Manchester City fracasaría, puesto que tendría que idear él mismo las herramientas para ganar. No me queda duda, en cambio, de que si Mourinho agarrara al City lo haría campeón de Europa. Por poner un ejemplo.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Odiar y amar

A las aficiones de Real Madrid y Barcelona les espera un mes de abril apasionante. Liga, Copa y posiblemente Champions League son los torneos que se van a disputar ambos equipos en un margen de apenas treinta días. A mediados de mayo uno de los dos se encontrará en las cloacas del fútbol, mientras que el otro tocará la gloria a costa del máximo rival. O puede que haya empate técnico y que se terminen jugando el honor a cara o cruz en los últimos partidos de la competición doméstica. Pero para eso el Real Madrid debe al menos ganar al Barcelona en el partido de Liga, para más tarde eliminarlo en Copa o Champions. En cualquier caso, unos y otros se la juegan.



Sin duda, durante este tiempo saldrán a la luz todos los odios que el 5-0 del Camp Nou hizo brotar. Los merengues afrontan la tanda de partidos contra los culés con ganas de revancha. Son conscientes de que si ganan ese partido acorralarían a los de Guardiola en Liga e irían con la moral por las nubes a por la Copa. Perder no forma parte del abanico de posibilidades, y si hay alguien capaz de vencer a este Barcelona es Mourinho. Los aficionados madridistas saben que al portugués se le puede permitir casi todo, porque cuando llegue la hora de dar la cara es capaz de hacer magia para llevar a los blancos al éxtasis. La manita debe ser borrada y hay errores que no se pueden volver a repetir.

Por su parte, el Barcelona afronta con menos tensión este transcendental mes de abril. Los culés saben que tienen margen de error y sus piernas, si han de temblar, lo harán mucho menos que las del rival, puesto que su nivel de confianza apenas se verá afectado si pierden el 16 de abril en el Bernabéu. Continuarán líderes en Liga y llegarán con convicción a la final de Copa. Aun así, la precaución es la nota dominante en Guardiola, un tipo que dijo que el Shakhtar lideraría la Champions si se disputase en formato liguilla. También afirmó que el Copenhague quedaría entre los cuatro primeros en la Liga española, por lo que sus jugadores estarán precavidos ante el peligro que representa el Real Madrid, un club que si algo ha demostrado en los últimos años es que nunca se rinde.




Pero los Real Madrid-Barcelona traspasan los límites meramente deportivos. Las aficiones de ambos equipos se odian más allá de los terrenos de juego. Si unos se acuestan felices, los otros no pueden hacerlo. Si el Barcelona va mal, pero el Real Madrid va peor, es bueno para la afición culé. Y viceversa. Uno es grande cuando el otro no lo es, y este Barcelona no sería el mejor de todos los tiempos si no estuviese derrotando a uno de los mejores Real Madrid que recuerdo. Al mismo tiempo, si los blancos consiguiesen vencer a este Barcelona, la machada sería histórica.

Se odian. Las declaraciones de Mourinho, el sibilino apoyo de Florentino Pérez al portugués, las patadas de Pepe, las niñatadas de Marcelo, las piscinitas de Di María y sobre todo, Cristiano Ronaldo. Son los elementos que odian en Barcelona, y que contrastan con las inagotables ganas de pelea de Dani Alves, las tonterías de Piqué, las protestas de Xavi o la insufrible falsa humildad de Guardiola. Pregunten en Madrid por esas cosas. Todo ello, azuzado con un poco de acusaciones por dopaje, excusas de Mourinho y bravuconadas de los asalariados culés Stoichkov y Cruyff dan lugar a una mezcla explosiva.





Pero Barcelona y Real Madrid también se aman. O más bien se necesitan. El uno precisa del otro para ser más grande, para buscar la manera de crecer continuamente, para no caer en el conformismo, para no relajarse. Si desapareciera uno de los dos, el otro ya no sería lo que es. Al fin y al cabo Real Madrid y Barcelona se comportan como un todo, son un conjunto de elementos en una balanza, distribuidos de forma diferente según las etapas que les tocan pasar. Su relación es idéntica a la de dos amantes que no se soportan pero que siguen juntos porque saben que no serían nada separados. Y a pesar de sus palpables diferencias, en el fondo son iguales. Buscan lo mismo, y eso se ve, por ejemplo, en el reparto de los derechos televisivos. Siguen caminos diferentes pero van al mismo sitio. En definitiva, reflejan a la perfección aquella magnifica canción de Sabina llamada Y sin embargo, que decía lo siguiente: Cuando duermo sin ti contigo sueño / y con todas si duermes a mi lado / y si te vas me voy por los tejados / como un gato sin dueño

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Matices de un partido sin historia

Lo que se presumía como una épica batalla en el Camp Nou se quedó en nada muy pronto. Demasiado pronto. En veinte minutos el Barcelona barrió literalmente al Real Madrid del campo y desde entonces los de Guardiola se dedicaron a jugar al gato y al ratón con su máximo rival, endosándole cinco goles que escocerán durante mucho tiempo a la parroquia madridista.

Todos esperábamos que Mourinho saliese a morder desde el principio, pero la primera línea de presión madridista trabajó muy atrás y el Barça apenas encontró oposición para sacar el balón jugado desde la defensa, por lo que los culés manejaron el esférico a su antojo. Por si fuese poco, el Madrid no consiguió enlazar tres pases seguidos y solo algún pelotazo de Casillas a los costados provocaba cierto peligro gracias a las cabalgadas de Ronaldo o Di María, 
solos contra el mundo. Pero eso se acabó pronto y a los diez minutos de la segunda parte los merengues comenzaban a ser humillados.




Por supuesto, no voy a crucificar a un equipo que hasta ahora había convencido a todos. Seria un inepto si lo hiciese. Pero sí diré que Özil probablemente fracase en el Madrid, que Lass Diarra y Marcelo no tienen la estabilidad mental suficiente para jugar en este equipo (Ramos tampoco anda a la zaga) y que se necesita un delantero más como el comer. Aun así, el madridismo puede estar contento con este equipo porque por suerte, lo de ayer, no es lo de este año.

Pero no se puede hablar de este partido sin hablar de un equipo que ya demostró el año pasado que no sabía perder (encendiendo los aspersores, no lo olvidemos, mientras el Inter celebraba el pase a la final de la Liga de Campeones), y que este lunes dejó claro que tampoco sabe ganar. Gestos como el de Guardiola (no es el primer mal gesto de este mentiroso con careta), negándole el balón a Ronaldo y fingiendo una agresión en la cara, o el de Piqué, burlándose de un compañero de selección como Sergio Ramos, hablan muy poco del talante de un equipo que empaña sus méritos con niñatadas. Pero esto es lo de siempre. Si lo hace Ronaldo lo matamos, pero si lo hace Piqué nos reímos. No me quiero ni imaginar lo que habría pasado si Cristiano hubiese mostrado sus cinco dedos de haber ganado por el mismo margen, o si hubiese escupido a Pedro Cortés, o si tirase pipas desde la grada a un compañero…  

Otro de los elementos sorprendentes que nos ha deparado este derbi es observar como los sevillistas han celebrado de forma desmedida la victoria del Barcelona. Hablo de gente como mi gran amigo J.J. Sarabia, aficionado del club del Sánchez-Pizjuán que, apenado por los problemas del Sevilla, no encuentra otro consuelo que animar al club blaugrana. Adam Smith decía acertadamente lo siguiente: “si alguien te halaga por algo que no mereces, no te está halagando a ti, sino a otro. Y eso te martiriza, porque te hace ver lo que deberías ser y no eres”. Supongo que los sevillistas siempre se quedarán deseando ser lo que nunca serán. Es triste, sin duda, contemplar como los aficionados de este equipo emplean todas sus fuerzas en jalear a los culés en vez de dedicarse a llenar de una vez su estadio, que en los dos últimos partidos ha mostrado una afluencia de público deplorable. Pero poco más se le puede pedir al señor Sarabia, por ejemplo, un individuo que cambió su abono de sevillista por hacerse con una guitarra eléctrica que ni siquiera toca. ¿Eso es querer a tu equipo?



En fin, lo que es seguro es que el pasado lunes miles y miles de madridistas acabaron ridiculizados, encerrados en sus respectivos cuartos, cenando cualquier cosa y renegando del barcelonismo. Pero probablemente se fueron a dormir jurando venganza, viendo, con los ojos cerrados, como en un futuro no muy lejano, es el Barcelona el equipo que se arrodilla escupiendo sangre y pidiendo piedad. Como dijo mi madre un día, “te comiste el melón, pero ya cagarás las pepitas…”


jueves, 21 de octubre de 2010

La horma del zapato de Guardiola

“Caer bien” o “caer mal” a alguien puede llegar a convertirse en algo muy subjetivo y depender de mil factores. Podemos pasarnos años intentando ser (o al menos, parecer) simpáticos con una persona, y sin embargo esta puede odiarnos por un simple gesto o por una nimia expresión de nuestra cara que no le guste en un momento dado.

En el fútbol sucede algo parecido. Cristiano Ronaldo, por ejemplo, es para muchos poco menos que un ser superior, mientras que otros lo consideran un capullo creído y orgulloso. Y es que es muy difícil encontrar a un jugador que llegase a la élite y consiguiese el favor de todo el público. La mayoría de futbolistas que pensamos que jamás serían criticados, siempre encontraron detractores. Valerón fue criticado por frío y por pasivo, Laudrup por pasar del Barcelona al Real Madrid, Del Bosque recibió mil ataques en el Mundial a pesar de hacerse con el trofeo, e incluso “sweet” Iniesta ha sido atacado por lanzarse a la piscina de forma descarada en el partido que los culés disputaron ayer ante el Copenhague. Se trata de personas alejadas de la polémica, pero como se puede comprobar, no caen bien a todo el mundo.




Sin embargo, hace más de dos años, aterrizó en Can Barça un viejo conocido de la afición barcelonista. Josep Guardiola fue nombrado técnico del primer equipo y con él se instauró en España una nueva filosofía de entrenador. Guardiola era guapo, joven, sentía los colores del equipo y apostaba por la cantera . Su elegante forma de vestir y hablar, unido al sextete de títulos que lograron los blaugrana aquella temporada, le encumbraron como el modelo a seguir del fútbol español. Desde entonces, gente como Manuel Preciado, Cesc Fábregas, Johan Cruyff y muchos otras celebridades del fútbol actual se declararon admiradores del ya conocido como Pep, y este, gracias a su eterna humildad en las ruedas de prensa, parecía ser, al fin, el hombre que caía bien a toda España.

Tanto fue así, que la opinión pública en general pasó por alto su poco “feeling” con Eto´o, sus puñetazos a los banquillos, sus sanciones arbitrales, sus airados gestos desde el área técnica durante los partidos e incluso su pasado manchado (aunque, por suerte para todos, resuelto ya judicialmente a su favor) por el dopaje. Si Pep fue capaz de ganar seis títulos en una temporada, poco más había que decir.



Pero las cosas fueron cambiando poco a poco al año siguiente. El sextete no se pudo repetir y la exigente afición culé “solo” se pudo conformar con el título de Liga. El Barcelona perdió varios partidos importantes y el agradable y sincero Pep de las ruedas de prensa se agrió. Ya no le sentaban bien todas las preguntas y comenzó a responder sin responder a la mayoría de las cuestiones que los periodistas le formulaban. Además, la principal apuesta del técnico de Sampedor , el ucraniano Chygryinskiy, le hizo perder bastante dinero y parte de su credibilidad como entrenador. Pero la gente le seguía queriendo, la afición aprobó la temporada del Barcelona y las madres seguían viendo a Pep como el yerno perfecto. ¡Guardiola incluso salía en los anuncios de la tele y en las marquesinas de publicidad de las calles!






Sin embargo, la horma del zapato de Guardiola ha aparecido. Se llama Ibrahimovic, un sueco que no se cansa de criticar a Pep. Le llama filósofo y le apoda Tiger Woods, acusándole de que lo único que busca es quedar bien ante la gente. También afirma que Guardiola solo es capaz de ganar dirigiendo a equipos ya hechos, como el Barcelona que recogió de Rijkaard o, para entendernos, como la actual selección española. Todos nos hemos quedado consternados. ¿Cómo puede alguien intentar desacreditar así a una persona tan noble como Guardiola? Incluso surgieron algunos seres descabellados que secundaron lo que dijo el sueco ex del Barcelona, apuntando que si el actual entrenador culé se hiciese cargo de equipos como el Manchester o la Juventus, su estatus caería a las cloacas del fútbol europeo, porque Pep ni es un estratega, ni es un diseñador de plantillas. Pep lo que hace bien es juntar a gente dócil y buena y ponerla a jugar. ¿Pero hay gente tan dócil y tan buena en otro sitio que no sea el Barcelona o la selección española? Quién sabe, quizá el año que viene, y si el Pep Team continúa jugando tan mal como en los dos últimos partidos, podremos comprobar cómo se desenvuelve Guardiola en otro contexto. Una cosa está clara. Guardiola ya no le cae bien a todo el mundo. Puede que Ibrahimovic haya abierto la veda.